Por la noche, Samyra terminó de arreglarse frente al espejo.
Acomodó cuidadosamente su velo y observó su reflejo durante unos segundos.
La jornada había sido larga. Su mente seguía atrapada en la conversación que había tenido con Omar.
Todavía podía escuchar sus palabras.
"Te amo."
Cerró los ojos un instante. Su corazón volvió a acelerarse.
No quería pensar en ello. No esa noche.
Respiró profundamente y salió de la casa.
Al llegar al exterior encontró a Elise esperándola junto al automóvil.
—¿Lista? —preguntó Samyra con una pequeña sonrisa.
—Claro.
Sin embargo, algo llamó inmediatamente su atención.
Elise no parecía ella misma. Habitualmente era alegre. Conversadora. Incluso cuando estaba cansada.
Pero aquella noche lucía distante. Callada.
Como si cargara un peso demasiado grande sobre sus hombros.
Subieron al vehículo.
Durante varios minutos reinó el silencio.
Samyra observó discretamente a su amiga.
Notó sus ojos ligeramente enrojecidos. Notó sus respuestas cortas.
Y sobre todo notó aquella tristeza que intentaba ocultar.
Cuando llegaron frente al bar donde se celebraría el cumpleaños del doctor Mayer, Samyra ya no pudo ignorarlo más.
Apagó el motor. Giró hacia ella.
—Elise.
La joven levantó la vista.
—¿Sí?
—Te siento extraña desde que salimos de casa.
Elise intentó sonreír.
—Estoy bien.
—No.
Samyra negó suavemente.
—No estás bien.
Guardó silencio unos segundos.
—Dime la verdad.
¿Qué sucede?
Elise bajó la mirada. Sus dedos se entrelazaron nerviosamente sobre su regazo.
Parecía debatirse entre hablar o callar.
Finalmente suspiró.
—No tiene nada que ver contigo.
—Entonces dime.
—Es sobre mí.
Samyra permaneció en silencio. Esperando.
—Aníbal me dijo algo hoy.
Samyra frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué ocurrió?
Elise sintió un nudo en la garganta. Las palabras parecían quemarle por dentro.
—Me confesó que está enamorado de ti.
Samyra quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
—Eso mismo.
Durante unos segundos no supo qué responder.
La noticia la había tomado por sorpresa.
—Elise...
—No te preocupes.
Intentó sonreír. Pero la sonrisa se rompió antes de terminar de formarse.
—Es normal.
Samyra la observó confundida.
—¿Normal?
—Claro. Eres hermosa. Inteligente. Amable. Valiente. Cualquier hombre podría enamorarse de ti.
Samyra negó inmediatamente.
—No digas eso.
Elise la miró.
—¿Por qué?
—Porque no es verdad.
Instintivamente observó su pierna.
Luego las cicatrices que aún permanecían visibles en uno de sus brazos.
—Mírame bien. Tengo una cojera. Tengo cicatrices. No soy la mujer que todos creen. Quizá Aníbal solo intenta hacerte daño. Quizá quiere lastimarte por el pasado.
Elise negó lentamente.
Una lágrima apareció en sus ojos.
—Eres hermosa, Samyra, tienes que creerlo. Yo conozco a Aníbal. Sé cuándo miente. Y hoy no estaba mintiendo.
Aquellas palabras hicieron que Samyra guardara silencio.
Elise tragó saliva.
Y finalmente dijo aquello que llevaba demasiado tiempo ocultando.
—Lo peor es que me dolió. Mucho.
Su voz comenzó a quebrarse.
—Porque, aunque intente negarlo... Aunque intente convencerme de que ya pasó... Todavía lo amo.
La confesión quedó suspendida entre ambas.
Samyra sintió una profunda compasión.


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