Las palabras de Phillip Rezza golpearon con fuerza a Samyra.
—Pero… ha pasado mucho tiempo y… —murmuró ella, insegura.
—Eso no importa —la interrumpió Phillip con tranquilidad—. Eres una doctora brillante. Sí, te alejaste durante un tiempo, pero eso no borra todo lo que eres. Puedes volver cuando quieras.
Samyra bajó la mirada.
Por un instante, sintió algo extraño oprimiéndole el pecho.
No era dolor. Era nostalgia.
Porque hacía mucho tiempo que nadie le recordaba quién había sido antes de convertirse en la esposa de Omar Al-Sabah.
Antes de los sacrificios. Antes de las lágrimas. Antes de perderse a sí misma.
Phillip tomó su teléfono y comenzó a escribir algo.
—Déjame enviarte la invitación —dijo mientras tecleaba—. Ahí vienen los requisitos para el examen, las fechas y la guía de estudio.
Samyra lo observó confundida.
—Phillip… no sé si pueda hacerlo.
Él levantó la mirada hacia ella
—¿Por qué no podrías?
Samyra abrió los labios, pero ninguna respuesta salió.
Porque la verdad era demasiado dolorosa.
Había pasado tanto tiempo apagándose a sí misma… que ya ni siquiera sabía si seguía siendo aquella mujer talentosa que todos admiraban.
Phillip sonrió apenas.
—¿Recuerdas que fuiste una de las mejores de tu generación?
Samyra soltó una pequeña risa incrédula.
—Eso fue hace mucho.
—El talento no desaparece así de fácil.
El teléfono de Samyra vibró.
Phillip acababa de enviarle toda la información.
—No es cualquier posgrado —explicó él—. Es uno de los programas de investigación oncológica más importantes del país. Si logras ingresar… podrías trabajar directamente en tratamientos experimentales contra el cáncer.
Samyra sintió que su corazón latía más rápido.
Contra el cáncer. Aquellas palabras despertaron algo dormido dentro de ella.
Algo que creyó muerto.
Phillip guardó el teléfono y se puso de pie.
—Debo irme.
Samyra también se levantó lentamente.
—Gracias.
Phillip la observó durante unos segundos.
Y entonces habló con una sinceridad que la desarmó.
—No estás sola en este país, Samyra. Cualquier cosa que necesites… puedes contar conmigo.
Ella sintió un nudo en la garganta.
Porque aquellas palabras eran simples.
Pero después de todo lo que había vivido… significaban demasiado.
Lo vio marcharse.
Y cuando la puerta se cerró, Samyra permaneció inmóvil durante unos segundos.
En silencio.
Por primera vez en mucho tiempo… sentía que una pequeña luz comenzaba a encenderse dentro de ella.
Samyra tomó el teléfono lentamente.
El mensaje de Phillip seguía abierto en la pantalla.
Lo observó durante varios segundos antes de abrir el archivo.
Sus ojos recorrieron la información.
Programa Internacional de Investigación Oncológica.
Examen de admisión.
Proyecto de desarrollo de terapias innovadoras.
Su respiración comenzó a agitarse.
“No es solo cualquier posgrado…”
Aquello podía cambiarlo todo. No solo para ella.
Para cientos de personas. Tal vez miles.
Las manos le temblaron ligeramente mientras seguía leyendo.
Y entonces recordó.
Las madrugadas estudiando medicina.
Las prácticas agotadoras. Las noches enteras sin dormir en el hospital.
Recordó la emoción que sentía cada vez que ayudaba a salvar a alguien.
Antes amaba aquello. Amaba la medicina. Sus ojos comenzaron a humedecerse.
Porque en algún momento… dejó de ser la doctora Samyra Hassan.
Y se convirtió únicamente en la esposa de Omar.
La mujer que esperaba. La mujer que soportaba. La mujer que lloraba en silencio.
Cerró los ojos lentamente.
Y entonces el recuerdo de su padre apareció con claridad en su mente.
El doctor Hassan.
El hombre al que todos llamaban “el médico milagroso”.
Samyra todavía recordaba cómo los pacientes lloraban agradecidos después de verlo. Recordaba el orgullo con el que él caminaba por los pasillos del hospital.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe