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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 153

Samyra encontró al doctor Duncan en su oficina.

Había recorrido medio hospital buscando una oportunidad para hablar con él.

Desde que escuchó los rumores sobre el posible despido de Elise, no había podido concentrarse en nada más.

Era una mujer dedicada, responsable y amable con cada paciente. Había faltado únicamente porque su hija había sido hospitalizada de emergencia.

Castigarla por eso era inhumano.

Samyra tocó la puerta.

—Adelante.

Entró y encontró a Duncan revisando expedientes médicos. Al verla, él levantó la cabeza y una sonrisa apareció en su rostro.

—Samyra. No esperaba verte.

—Necesito hablar contigo.

El hombre dejó los documentos sobre el escritorio.

—Por supuesto.

Samyra se acercó.

—Escuché que piensa despedir a Elise.

Duncan entrelazó los dedos sobre la mesa.

—¿Y eso te preocupa?

—Claro que me preocupa. Su hija estaba enferma. No faltó porque quisiera. Fue una emergencia médica.

—Las reglas son las reglas.

—Las reglas también deberían tener humanidad.

Duncan la observó en silencio.

Samyra continuó.

—Ella ha dado años de su vida a la medicina, y es la mejor del posgrado. Siempre cumple con sus turnos. Siempre ayuda cuando se necesita. Merece consideración.

El hombre siguió observándola.

Demasiado. Aquella mirada comenzó a incomodarla.

—Doctor Duncan...

—Siempre haces esto.

—¿Esto qué?

—Luchar por los demás.

Samyra frunció el ceño.

—Alguien tiene que hacerlo.

—Eres diferente, eso es lo que me agrada de ti.

Ella sintió que la conversación estaba tomando un rumbo extraño.

—No vine a hablar de mí.

—Lo sé.

Duncan se levantó lentamente de su silla.

—Pero quizás deberías dejar de preocuparte tanto por los demás.

Samyra retrocedió apenas un paso.

—¿Por qué?

Los ojos del hombre permanecieron fijos en ella.

—Porque lo único que debería importarte eres tú.

Samyra sintió una punzada de incomodidad.

Aquellas palabras no sonaban como las de un superior hablando con una colega.

Sonaban demasiado personales. Demasiado íntimas.

Y antes de que pudiera responder, la puerta se abrió violentamente.

Lara apareció sin aliento.

—¡Doctor Duncan!

Samyra giró de inmediato. Algo en el rostro de Lara hizo que su corazón se acelerara.

—¿Qué ocurre?

—El paciente Omar Al-Sabah ha entrado en código de emergencia.

El suelo desapareció bajo sus pies. Durante un segundo dejó de escuchar todo.

Solo quedó una frase resonando dentro de su cabeza.

Código de emergencia. Omar.

No. No. No podía ser.

Su respiración se volvió errática.

—¿Qué pasó?

—Su saturación cayó de forma repentina. Los médicos ya están trabajando con él.

Samyra ni siquiera esperó escuchar más.

Salió corriendo, incluso si no podía, si su pierna cojeaba, luchó, sin importarle nada.

Atravesó los pasillos a toda velocidad.

Escuchó voces. Pasos. Alarmas.

El sonido de los monitores médicos.

Todo parecía mezclarse en una sola pesadilla.

Mientras corría, una idea horrible comenzó a abrirse paso dentro de ella.

¿Y si llegaba demasiado tarde? ¿Y si aquella era la llamada que todo médico temía recibir?

¿Y si Omar moría antes de que pudiera verlo una vez más?

Las lágrimas amenazaron con aparecer. Intentó contenerlas. No podía derrumbarse.

No ahora. No mientras él la necesitara.

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