Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 155

—Tengo trabajo. Por favor, aliméntate bien y descansa. Te veré pronto.

Samyra retiró lentamente su mano de entre las de Omar.

Durante un instante él pareció querer detenerla.

Sus dedos incluso se cerraron alrededor de los de ella.

Como si temiera que desapareciera.

Como si temiera despertar nuevamente y descubrir que todo había sido un sueño.

Pero finalmente la soltó.

Omar le dedicó una pequeña sonrisa.

—Volverás, ¿verdad?

Aquella pregunta hizo que algo se moviera dentro de su pecho.

Porque no sonaba como una exigencia.

Sonaba como una súplica.

—Sí —respondió ella suavemente—. Volveré.

Omar pareció tranquilizarse.

Samyra salió de la habitación y cerró la puerta detrás de ella.

La sonrisa desapareció de inmediato.

La realidad regresó.

El video. Los rumores. Las acusaciones. Y Lara.

Su teléfono vibró.

Frunció el ceño. Era un mensaje oficial.

La dirección del Hospital Oncológico Mundial solicitaba su presencia inmediata en el despacho del director Arnold Mayer.

Samyra sintió que el estómago se le encogía. Sabía exactamente de qué se trataba.

Respiró profundamente.

Luego comenzó a caminar.

***

Mientras avanzaba por los pasillos, sintió algo extraño.

Las miradas. Había demasiadas miradas.

Enfermeras. Residentes. Estudiantes. Personal administrativo. Todos parecían observarla.

Algunos apartaban la vista cuando ella los sorprendía.

Otros no se molestaban en ocultarlo. Incluso escuchó murmullos.

—Es ella.

—La del video.

—No puedo creerlo.

—¿Será verdad?

Samyra apretó la mandíbula. Cada palabra era una puñalada.

Había dedicado años enteros a construir su reputación.

Había estudiado hasta el agotamiento.

Había sacrificado demasiado.

Y ahora bastaba un video manipulado para que la gente olvidara todo eso.

Siguió caminando. No iba a agachar la cabeza. No les daría esa satisfacción.

Cuando llegó frente al despacho del director, tomó una última respiración.

Luego llamó a la puerta.

—Adelante.

Samyra entró. Y se detuvo.

La sala estaba llena.

Arnold Mayer ocupaba la cabecera de la mesa.

A su derecha estaba Lewis. Junto a él, Elise. Phillip Rezza. Lara. Y el doctor Aníbal Duncan.

Todos guardaban silencio. Todos la observaban.

Aquello no parecía una reunión. Parecía un tribunal.

—Entre, doctora Hassan —dijo Arnold con seriedad.

Samyra obedeció. Tomó asiento.

El silencio se volvió aún más pesado.

Finalmente, Arnold habló.

—Los he reunido debido a un asunto que está afectando gravemente la reputación de esta institución.

Su voz era firme. Autoritaria.

—Durante las últimas horas ha circulado un video que involucra a miembros de nuestro hospital y de la Escuela Mundial de Posgrado.

Nadie habló.

—Además de las posibles faltas éticas involucradas, me preocupa algo aún más grave.

Arnold apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Alguien está grabando y difundiendo material privado de nuestros médicos y estudiantes.

El director recorrió la sala con la mirada.

—Y quiero saber quién es responsable.

La tensión aumentó. Samyra sintió el corazón acelerarse.

Entonces Aníbal Duncan habló.

—Yo quisiera aclarar algo.

Todos lo miraron. El hombre se puso de pie.

Su expresión era seria. Por primera vez parecía completamente desprovisto de arrogancia.

—Es cierto que aparezco en ese video.

El silencio se hizo absoluto.

—Y también es cierto que me declaré a la doctora Samyra Hassan.

Varios presentes quedaron perplejos.

Lewis abrió los ojos. Phillip frunció el ceño. Incluso Arnold pareció sorprendido.

Elise sufría en silencio, con la mirada clavada en la mesa.

Samyra sintió el rostro arder de vergüenza.

Aníbal continuó.

—Pero también es cierto que ella me rechazó.

Nadie dijo una palabra.

—Y creo que debe investigarse de inmediato.

Arnold se volvió hacia Samyra.

—¿Es verdad?

Todos la observaban. Todos. La estaban juzgando.

Esperando. Analizando cada respiración.

Samyra pudo mentir. Pudo ocultarlo. Pudo inventar una explicación conveniente.

Pero no lo hizo.

Porque después de todo lo ocurrido, estaba cansada de esconderse. Se puso de pie lentamente.

—Sí.

El silencio se volvió absoluto.

—Conozco al señor Omar Al-Sabah.

Lara sonrió internamente. Creía que estaba ganando.

—¿Qué tipo de relación mantiene con él? —preguntó Arnold.

Samyra sostuvo su mirada.

Y respondió con total honestidad.

—El señor Omar Al-Sabah y yo estuvimos casados.

El impacto fue inmediato.

Elise abrió la boca.

Lewis parecía incapaz de creerlo.

Incluso Arnold Mayer perdió la compostura durante un segundo.

Lara también quedó inmóvil. Aquello no era lo que esperaba. Porque una aventura era escandalosa. Pero un matrimonio era otra cosa.

—¿Su... exesposo? —preguntó Arnold.

—Sí.

La sala entera permaneció en silencio.

Samyra continuó.

—Nuestra relación terminó hace menos de un año. Ya no somos marido y mujer. No vivimos juntos. No mantenemos una relación sentimental.

Su voz permaneció firme.

—Lo único que nos une en este momento es una causa.

Arnold la observó atentamente.

—¿Cuál?

Samyra pensó en Omar.

En el hombre que había estado al borde de la muerte.

En el hombre que luchaba por sobrevivir. Y respondió:

—Salvar su vida.

Nadie habló. Nadie pudo hacerlo.

Porque en ese instante comprendieron que detrás de todos los rumores existía una historia mucho más compleja.

Y Lara, por primera vez desde que comenzó aquella guerra, sintió que las cosas estaban escapando de su control.

—Y yo sè quien es el culpable de haber filtrado esta información, la culpable es… Lara —sentenció Samyra.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe