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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 158

El señor Mayer no tardó en llegar.

El sonido de sus pasos en el pasillo del hospital se sintió más pesado de lo habitual, como si ya supiera que no estaba entrando a una simple consulta médica, sino a una decisión que rozaba lo ético.

Cuando entró a la habitación, se detuvo un segundo al ver a Omar Al-Sabah.

El hombre seguía conectado a las máquinas, pero su mirada estaba despierta, afilada, demasiado consciente para alguien en su estado.

—Por favor… —dijo Mayer con tono controlado—. Samyra, déjanos a solas.

Samyra dudó. Su mirada pasó de uno a otro, como si supiera que cualquier decisión aquí iba a romper algo que no podría repararse fácilmente.

Finalmente, asintió en silencio y salió.

La puerta se cerró. Y el aire cambió.

Omar se incorporó apenas, lo suficiente para enfrentar al hombre. Con esfuerzo, se retiró la mascarilla de oxígeno.

—Teníamos un trato, señor Mayer —dijo con la voz baja, pero firme—. Creí que era un hombre de palabra.

Mayer bajó la mirada un instante. No por culpa, sino por peso.

—Señor Al-Sabah… soy un hombre de palabra —respondió con cautela—. Pero esto ya no es solo un asunto médico. Samyra es su exesposa. Hay un conflicto de intereses que no puedo ignorar.

Omar apretó la mandíbula.

—No es mi exesposa —corrigió de inmediato—. No para mí.

El silencio se volvió incómodo.

Su respiración se volvió más irregular, pero no por su condición física únicamente. Había algo más: urgencia, miedo, necesidad.

—La necesito aquí —continuó, más bajo—. La perdí una vez… no puedo perderla también aquí. No ahora.

Sus dedos se cerraron con fuerza sobre la sábana.

—Es probable que yo no salga de esto. Usted lo sabe. Yo lo sé. Y si ese es el final… quiero que sea con ella cerca.

Levantó la mirada.

—No suelo pedir nada, señor Mayer. Pero hoy le estoy suplicando.

La palabra quedó suspendida en el aire como algo extraño viniendo de él.

Mayer lo observó en silencio. Por primera vez, su postura profesional parecía ceder ligeramente ante la humanidad de la situación.

—¿Y si aun así me niego?

Omar lo miró y por un instante sus ojos se volvieron oscuros.

—Entonces, sabrá el poder de un Al-Sabah, creo que lo he demostrado con el dinero que le di, pero, creo que usted y yo podemos llegar a un acuerdo, sin tener

—Esto puede poner a la doctora Hassan en una posición muy delicada —dijo al fin, con voz más baja—. Pero… si ella acepta voluntariamente, puedo permitirlo.

Omar cerró los ojos un instante. No de alivio, sino de agotamiento emocional.

—Gracias —murmuró.

***

Cuando Mayer salió, encontró a Samyra esperando en el pasillo.

Sus manos estaban juntas, pero tensas. Su expresión ya no era la de una médica segura, sino la de alguien que intenta no desmoronarse.

—Samyra… —empezó Mayer con cuidado—. Volverás a ser la doctora líder del caso.

Ella levantó la vista de inmediato.

Pero él no terminó ahí.

—Sin embargo… debes entender que esto no es solo una decisión clínica. Va a implicarte emocionalmente más de lo que deberías permitir.

Samyra sintió un nudo en el pecho. No respondió.

Solo asintió.

Como si ya lo supiera.

—No me importa, le prometo ser una doctora profesional en todo momento.

Mayer supo que ella no mentía

***

Cuando volvió a entrar en la habitación, Omar la miró como si el simple hecho de verla cambiara el aire que respiraba.

—Dime que no te han alejado de mí —susurró.

Samyra se acercó lentamente.

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