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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 163

En Zúrich

A la mañana siguiente, el Hospital estaba más silencioso de lo habitual.

El largo pasillo que conducía al área quirúrgica parecía interminable para Samyra.

A cada paso, sentía que el corazón le pesaba un poco más. Aquella mañana marcaría el inicio del tratamiento experimental que podía salvar la vida de Omar...

Cuando llegó a la habitación, lo encontró sentado en la cama del hospital. Vestía la bata azul de paciente y observaba distraídamente la nieve que caía detrás del ventanal.

Al escuchar la puerta, levantó la mirada. Sonrió.

Aquella sonrisa seguía siendo capaz de tranquilizarla y, al mismo tiempo, romperle el alma.

Samyra se acercó despacio y tomó su mano.

La sintió fría. Él también estaba asustado.

Solo que intentaba ocultarlo.

—¿Dormiste algo? —preguntó ella con suavidad.

Omar dejó escapar una pequeña risa.

—Creo que dormí más de lo que soñé.

Samyra acarició sus dedos. Lo conocía demasiado bien. Sabía cuándo fingía estar tranquilo.

—¿Tienes miedo?

Él guardó silencio unos segundos. Miró nuevamente la ventana antes de responder.

—¿Quieres la verdad?

Ella asintió.

Omar respiró profundamente.

—Sí... tengo miedo.

Sus palabras apenas fueron un susurro.

—No me da miedo el dolor... ni siquiera la cirugía.

Hizo una pausa. Su voz comenzó a quebrarse.

—Lo que realmente me asusta... es no despertar.

Samyra sintió un nudo en la garganta.

Él sonrió con tristeza.

—Tengo miedo de convertirme en una fotografía sobre una repisa.

Bajó la mirada.

—Tengo miedo de que nuestros hijos solo conozcan mi voz por los videos que dejé grabados.

Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Samyra. Negó inmediatamente.

—No digas eso.

Omar levantó una mano y acarició con ternura su mejilla.

—Pero también tengo una razón muy poderosa para luchar.

Lentamente deslizó la mano hasta el vientre de Samyra. Sus dedos permanecieron sobre la tela unos segundos.

Después habló con una ternura que hizo temblar a Samyra.

—¿Me escuchan, pequeños?

Sonrió.

—Papá va a pelear con todas sus fuerzas.

Su voz comenzó a llenarse de emoción.

—No quiero estar presente solo el día que nazcan. Quiero verlos dar sus primeros pasos. Escuchar sus primeras palabras. Llevarlos a la escuela. Enseñarles a montar bicicleta. Ver cómo crecen. Cómo se enamoran. Cómo cumplen sus sueños. Quiero envejecer viendo sus vidas. Porque los amo... Muchísimo.

Apenas terminó de hablar, sintió un ligero movimiento bajo su mano. Después otro.

Los dos bebés patearon casi al mismo tiempo. Omar abrió los ojos con sorpresa.

Una sonrisa iluminó por completo su rostro.

—Samyra...

Ella lloraba en silencio.

—Ellos saben que estás aquí.

Volvió a sentir otra pequeña patadita.

—Nos están respondiendo.

Samyra colocó su mano sobre la de él.

—Sí. Nuestros hijos saben que su papá es un luchador. Y están esperándote. Así que no te atrevas a rendirte.

Omar sonrió.

—Jamás.

En ese instante alguien llamó suavemente a la puerta.

Era Elise.

Vestía ya el uniforme quirúrgico. Su expresión transmitía serenidad, aunque por dentro también estaba nerviosa.

Sabía que aquella operación era el primer paso para intentar cambiar la historia de un hombre.

—Es hora.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Omar miró una última vez a Samyra.

Ella se inclinó lentamente.

Le acomodó un mechón de cabello sobre la frente.

—Voy a esperarte.

Él apoyó su frente contra la de ella.

—Siempre volveré contigo. Siempre.

Los camilleros comenzaron a empujar la cama.

Samyra permaneció inmóvil observándolo hasta que desapareció al final del pasillo.

Solo entonces permitió que las lágrimas escaparan.

***

Dentro del quirófano, todo estaba preparado.

Phillip revisó por última vez las imágenes del tumor.

Lewis observaba desde la sala de control. El objetivo no era extirpar el cáncer. Todavía no.

Necesitaban obtener tejido tumoral en perfectas condiciones para secuenciar cada mutación y alimentar el sistema Blum con la mayor cantidad posible de neoantígenos.

Solo así el tratamiento tendría posibilidades reales de reconocer todas las variantes del cáncer que se habían extendido por el cuerpo de Omar.

Elise respiró profundamente.

—Comencemos.

***

Mientras tanto, Samyra caminaba una y otra vez por la sala de espera.

Miraba el reloj. Solo habían pasado quince minutos.

Sentía como si hubiera transcurrido una eternidad.

Se sentó. Volvió a levantarse. Se acercó a la ventana.

Observó a otras familias abrazarse.

Una mujer lloraba esperando noticias de su esposo.

Un niño dormía sobre las piernas de su madre.

Capítulo: Tratamiento de vida o muerte 1

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