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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 165

Elise permaneció junto a la cuna durante varios minutos, meciendo suavemente a Adara entre sus brazos.

—Shhh... ya pasó, mi amor... mamá está aquí...

Su voz apenas era un susurro.

La pequeña, terminó por relajarse. Poco a poco dejó de aferrarse a la blusa de su madre y apoyó la cabeza sobre su hombro.

Su respiración se volvió pausada, tranquila, hasta que finalmente cayó dormida.

Elise sonrió con ternura.

La contempló unos segundos antes de besarle la frente.

Con el mayor cuidado posible la acomodó dentro de la cuna y la cubrió con una pequeña manta. Después permaneció inmóvil, observándola.

Dormía con una serenidad que parecía imposible después de todo lo ocurrido.

Aquella inocencia era el único refugio que aún existía en su vida.

Lentamente levantó una mano para acariciar su diminuta mejilla.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

Cada vez que contemplaba a su hija recordaba el largo camino que ambas habían recorrido para llegar hasta ese momento.

Hubo un tiempo en que creyó que jamás sería capaz de mirarla con el amor que ahora sentía.

Hubo un tiempo en que incluso pensó que ninguna de las dos debía seguir viviendo.

Un profundo suspiro escapó de sus labios.

Los recuerdos comenzaron a regresar uno tras otro.

Después de separarse de Aníbal Duncan, su vida se había convertido en un infierno.

Alejarse del hombre que amaba ya había sido suficiente para destrozarla, pero lo ocurrido después terminó por destruir lo poco que quedaba de ella.

Aquella noche... Aquellos hombres...

Las amenazas. La violencia. El miedo.

Durante semanas apenas pudo reconocer su propio reflejo frente al espejo.

Sentía que la mujer alegre que alguna vez había existido había desaparecido para siempre.

Cada mañana despertaba con la sensación de seguir atrapada en aquella pesadilla.

Cada noche revivía el horror.

Los gritos.

Las risas. Las manos sujetándola.

Despertaba sobresaltada, cubierta de sudor y con el corazón golpeando violentamente contra su pecho.

Dejó de comer. Dejó de dormir. Perdió el interés por todo.

Incluso por la medicina, que siempre había sido la pasión de su vida.

No encontraba razones para seguir adelante.

El dolor era demasiado grande.

La culpa la consumía.

Aunque sabía que ella no había hecho nada malo, una parte de su corazón se sentía manchada, rota, incapaz de volver a amar o ser amada.

Un día creyó que ya no podía soportarlo más.

Permaneció varias horas encerrada en su habitación.

Las cortinas estaban cerradas.

La oscuridad dominaba el lugar.

Solo se escuchaba el sonido de su respiración entrecortada.

Aquella tarde tomó la decisión de terminar con todo.

Pensó que, si desaparecía, el sufrimiento también desaparecería.

Preparó todo con una calma que ahora le resultaba aterradora.

Sin embargo, antes de poder hacerlo, una intensa sensación de mareo la obligó a sostenerse de la pared.

Su visión comenzó a nublarse.

Intentó caminar.

No pudo.

El suelo desapareció bajo sus pies.

Cuando volvió a abrir los ojos estaba acostada en una cama de hospital.

Una doctora revisaba unos estudios con una pequeña sonrisa.

—¿Cómo se siente?

Elise apenas pudo responder.

Solo quería marcharse.

Entonces la médica pronunció unas palabras que cambiaron su vida para siempre.

—Está embarazada.

El tiempo pareció detenerse.

Elise sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

No entendía lo que estaba escuchando.

No quería entenderlo.

Lo único que vino a su mente fue aquella terrible noche.

Las lágrimas comenzaron a correr sin control.

Durante días enteros vivió atrapada entre el miedo y la desesperación.

Miraba su vientre con angustia.

Sentía que aquella pequeña vida era un recordatorio constante del peor momento de su existencia.

Llegó a odiar la idea de aquel embarazo.

Capítulo: Decisión de amor 1

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