Mientras tanto en Dubái.
Aquella mañana se celebraría la primera audiencia del juicio de khula entre Nassira Al-Sabah y Mohamed.
El enorme Palacio de Justicia estaba rodeado de periodistas y curiosos.
El apellido Al-Sabah despertaba interés en todo el país, y el escándalo de un divorcio dentro de una de las familias más influyentes no pasaba desapercibido.
Nassira descendió del automóvil con paso lento.
Todavía estaba débil.
Luego del golpe del calor, le habían recomendado guardar reposo, pero ella había tomado una decisión.
No volvería a esconderse.
Había pasado demasiados años viviendo con miedo.
Aquella etapa había terminado.
Respiró profundamente antes de entrar al edificio.
A su lado caminaba Fadia, impecablemente vestida con un elegante traje oscuro. Llevaba varias carpetas bajo el brazo y una expresión serena que transmitía absoluta seguridad.
—¿Estás lista? —preguntó en voz baja.
Nassira asintió.
—Sí.
No estaba completamente segura de sus palabras.
Sentía un nudo en el estómago.
Pero sabía que debía hacerlo.
Aquella audiencia no solo representaba el inicio de un proceso legal.
Era el primer paso hacia su libertad.
Minutos después ambos abogados ocuparon sus lugares frente al juez.
Al ingresar a la sala, Mohamed ya se encontraba sentado junto a su abogado.
Vestía un impecable traje oscuro.
Su postura seguía siendo orgullosa, pero sus ojos delataban preocupación.
Por primera vez desde que comenzó todo, comprendía que existía la posibilidad real de perder.
Cuando Nassira ocupó su lugar, él intentó buscar su mirada.
Ella no respondió.
Ya no quedaba nada que decir.
Pocos minutos después, el ujier anunció la llegada del juez.
Todos se pusieron de pie.
El magistrado saludó brevemente antes de ocupar su asiento.
—Pueden sentarse.
El silencio volvió a dominar la sala.
El juez abrió el expediente.
—Nos encontramos reunidos para conocer la solicitud de khula presentada por la señora Nassira Al-Sabah.
Levantó la vista hacia ambas partes.
—Antes de iniciar, recuerdo a los presentes que este tribunal exige respeto absoluto durante la audiencia. Cualquier interrupción o conducta inapropiada será sancionada.
Ambos abogados asintieron.
—Puede comenzar la parte demandante.
Fadia se levantó con tranquilidad.
No elevó la voz. No necesitaba hacerlo.
Su seguridad bastaba para captar la atención de todos.
—Su Señoría, mi representada solicita la disolución de este matrimonio por haber sido víctima de conductas incompatibles con las obligaciones legales y morales que todo esposo debe observar.
Abrió la primera carpeta.
—Presentaremos pruebas documentales, testimoniales y periciales que demuestran un patrón continuo de violencia psicológica, infidelidad y agresiones físicas.
Colocó varios documentos frente al juez.
—Aquí constan mensajes donde el señor Mohamed acepta haber sido infiel a mi cliente durante el matrimonio.
Después presentó fotografías, registros bancarios y reportes médicos.
La sala permanecía completamente en silencio.
Finalmente entregó el informe correspondiente al último ataque.
—Hace apenas unos días, mi representada fue ingresada en un hospital tras sufrir una nueva agresión.
El juez revisó cuidadosamente el documento.
Su expresión se volvió más seria.
—¿La defensa reconoce la autenticidad de este informe médico?
El abogado de Mohamed se puso de pie.
—Sí, Su Señoría. No cuestionamos la autenticidad del documento.
—Muy bien. Continúe.
El abogado acomodó sus papeles antes de hablar.
—La defensa lamenta profundamente el deterioro de este matrimonio. Sin embargo, considera indispensable analizar el contexto completo de la relación.
El juez hizo un leve gesto para que continuara.
—Mi representado contrajo matrimonio con el legítimo deseo de formar una familia. Años después descubrió que la señora Nassira padecía infertilidad, situación que provocó un profundo desgaste emocional entre ambos, además la señora lo ocultó meses después de saberlo.
Nassira sintió un nudo en la garganta.
Aquellas palabras seguían haciéndole daño.
Pero permaneció en silencio.
—La frustración derivada de esa circunstancia terminó afectando gravemente la convivencia matrimonial.
Antes de que pudiera continuar, Fadia volvió a ponerse de pie.
—Solicito autorización para formular una pregunta a la defensa.
El juez asintió.
—Concedida.
Fadia giró lentamente hacia el abogado contrario.
—¿Está afirmando que la infertilidad de mi clienta justifica las conductas atribuidas al señor Mohamed?
El abogado permaneció unos segundos en silencio.
—No, desde luego que no.
—Entonces, ¿reconoce que se trata de dos asuntos completamente distintos?
El hombre dudó.
—Sí... son asuntos distintos.
Fadia sonrió apenas.
Había conseguido exactamente la respuesta que buscaba.
Volvió a dirigirse al juez.



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