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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 17

Samyra sintió un dolor punzante en el pecho al verlos frente a ella.

Omar y Nayla, mirándose fijamente y él tomando la mano de ella, como luchando para que no escapara de su alcance.

Y el aire entre los tres parecía volverse más pesado con cada segundo.

Su mirada se detuvo en él. En Omar.

En el hombre que una vez creyó que sería su refugio.

Pero ahora… era la misma persona que la hacía sentirse invisible.

Nayla soltó lentamente su mano y se puso de pie con un gesto débil, casi frágil. Sus ojos estaban húmedos, como si hubiera estado llorando durante horas.

—¡Omar… no hagas esto más difícil! —su voz tembló con dramatismo—. No quiero arruinar tu matrimonio. No quiero que Samyra me odie.

El silencio cayó como una losa.

Omar dio un paso hacia ella de inmediato. Sin dudar.

Sin mirar a Samyra primero.

Y ese simple gesto ya fue suficiente para romper algo dentro de ella.

Porque ya no era sorpresa.

Era costumbre.

Nayla siempre era lo primero.

Omar levantó la mirada hacia Samyra, pero no había suavidad en sus ojos.

Había reproche.

—Nayla, que te quede algo claro —dijo con firmeza—. La decisión de que te quedes… la decisión de tomar una segunda esposa… no le pertenece a Samyra. Solo a mí.

El aire se congeló.

Samyra lo miró incrédula.

No porque no lo supiera.

Sino porque aún dolía escucharlo.

Sus ojos se oscurecieron lentamente, llenos de una mezcla de tristeza y decepción.

Y Omar lo notó.

Por un segundo, algo cambió en su expresión.

Como si el peso de su mirada lo golpeara de vuelta.

Como si el arrepentimiento intentara abrirse paso.

Pero no lo suficiente.

—Samyra… —su tono bajó apenas un poco—. ¿Por qué estás siendo tan difícil? ¿Tan cruel? Entiende que Nayla está sufriendo. Solo estamos ayudándola.

Aquellas palabras fueron la chispa.

Samyra soltó una risa corta, sin alegría.

—¿Ayudarla? —repitió lentamente.

Sus manos temblaron, pero no retrocedió.

—Entonces ayúdala de verdad, Omar. Divórciate de mí. Hazla tu única esposa si es lo que tanto deseas.

El silencio explotó.

Omar apretó la mandíbula.

—No digas estupideces.

Samyra dio un paso hacia él.

Uno solo.

Pero suficiente para que la tensión cambiara.

—¿Estupideces? —su voz se quebró apenas—. ¿No puedes ayudarla sin romper la promesa que me hiciste?

El aire se volvió irrespirable.

—¡Sé generoso! —exclamó ella, y esta vez la voz sí le tembló—. Si tanto quieres salvarla, hazlo bien. No a medias. No jugando conmigo como si no importara.

Omar apretó los puños.

—¡Samyra! ¿Cómo te atreves a hablarme así? Eres mi esposa.

Esa palabra. Esposa. Ya no sonaba como amor.

Sonaba como una cadena.

—Y nunca voy a abandonarte —añadió él con firmeza, como si eso lo resolviera todo.

Pero fue ahí cuando Samyra lo miró de verdad.

Sin lágrimas. Sin miedo.

Solo cansancio.

—Pero yo sí quiero abandonarte.

El mundo se detuvo.

Capítulo: ¿No puedes ser generoso? 1

Capítulo: ¿No puedes ser generoso? 2

Capítulo: ¿No puedes ser generoso? 3

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