—¿Qué es lo que quieres decir, Samyra?
La voz de Aníbal fue baja, pero firme.
No era una pregunta casual. Era una advertencia disfrazada de calma.
Samyra sintió cómo algo en su pecho se tensaba de inmediato.
Retrocedió un paso sin darse cuenta.
El impulso de hablar la traicionaba… pero el miedo la detuvo.
Miedo de decir demasiado. Miedo de abrir una puerta que no pudiera cerrar después.
Y, sobre todo, miedo de arrastrar a Elise a algo que ya no le pertenecía.
Tragó saliva.
Intentó recuperar el control de su respiración.
—No es nada —dijo finalmente, demasiado rápido.
Aníbal no se movió.
La observaba con una precisión incómoda, como si pudiera ver cada pensamiento que intentaba ocultar.
—Eso no es verdad —respondió él.
Un silencio se extendió entre ambos.
Samyra intentó girarse para marcharse, pero antes de que pudiera hacerlo, Aníbal tomó su mano.
Su contacto fue firme, pero no agresivo.
Más bien… urgente.
—Samyra —su voz bajó un tono—. ¿Sabes algo de Elise?
La pregunta cayó con un peso distinto.
No era solo curiosidad. Era sospecha. Era miedo.
Samyra sintió un golpe en el estómago.
Se liberó de inmediato, retirando la mano.
—Solo sé que usted, doctor Duncan… —lo miró por primera vez con verdadera firmeza— es injusto.
No añadió nada más.
Dio media vuelta y se fue.
Aníbal no la siguió. Pero tampoco dejó de mirarla. Algo en su expresión había cambiado.
***
Samyra caminó sin rumbo por los pasillos del hospital.
Su respiración seguía agitada.
Las palabras que había estado a punto de decirle a Aníbal le ardían en la garganta.
Había estado demasiado cerca. Demasiado cerca de romper algo que no era suyo.
Se detuvo frente a una ventana.
El vidrio reflejaba su rostro cansado. Sus ojos no eran los de una doctora en control.
Eran los de alguien al borde del colapso.
Cerró los ojos un instante. Y entonces lo vio.
Omar. El sonido de los monitores.
Su cuerpo débil. El fallo del tratamiento.
La mirada de Phillip. La decisión de Aníbal.
Todo junto. Todo encima.
—No puedo perderlo… —susurró.
La voz se quebró.
Y por primera vez desde que comenzó todo, Samyra dejó de resistir.
Cuando llegó a la sala médica, Elise ya estaba allí.
Sentada.
Esperándola.
En cuanto la vio entrar, se levantó de inmediato y la abrazó.
—Supe lo que pasó… —dijo en voz baja—. ¿Estuvo muy mal el señor Al-Sabah?
Samyra no respondió de inmediato.
El abrazo la desarmó más de lo que esperaba.
Se dejó sostener unos segundos.
Luego se separó lentamente.
—Lo siento… —susurró.
Elise frunció el ceño.
—¿Por qué te disculpas?
Samyra bajó la mirada. Sus manos temblaban.
—Porque casi… revelo tu verdad.
Elise se quedó en silencio.
—¿Qué?
Samyra tragó saliva.
Las palabras salieron sin orden, como si ya no pudiera contenerlas.
—Estaba fuera de control. Omar está empeorando, el tratamiento falló, hubo una reacción grave… y Aníbal rechazó el nuevo tratamiento que puede salvarlo.
Su voz se quebró.
Y entró.
Aníbal estaba allí.
De pie. Revisando documentos médicos.
No levantó la mirada de inmediato, pero supo que era ella quien estaba ahí.
—No deberías estar caminando —dijo sin emoción.
Elise lo observó en silencio. Había algo diferente en ella. Algo decidido.
—Tengo que hablar contigo.
Aníbal levantó la vista. Sus ojos se encontraron.
Y por un instante, el aire cambió.
—Es sobre lo que pasó antes de nuestra separación —dijo ella.
El silencio se volvió más denso.
Aníbal cerró el expediente lentamente.
—Elise…
Pero ella no lo dejó terminar.
—Hay algo que nunca te dije.
Un paso. Luego otro.
—Y ahora… tú necesitas saberlo.
Aníbal frunció el ceño.
—¿Qué estás ocultando?
Elise lo miró directamente. Y por primera vez no había miedo en su voz.
Solo decisión.
—Te lo diré. Pero tengo una condición.
El silencio explotó entre ambos.
Aníbal dio un paso hacia ella.
—¿Condición?
Elise asintió.
—Si quieres saber la verdad… si quieres saber lo que realmente pasó entre nosotros…
Su voz bajó un tono.
—Vas a aprobar el tratamiento de Samyra para Omar Al-Sabah.
Aníbal se quedó completamente inmóvil.
Por primera vez en mucho tiempo… no supo qué responder.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...