Un mes después.
El silencio dentro de la sala de juntas resultaba casi insoportable.
Samyra permanecía de pie frente a la enorme pantalla donde se proyectaban las imágenes de los últimos estudios de Omar.
Aunque intentaba mantener el porte sereno que siempre la había caracterizado como investigadora, por dentro sentía que el corazón le golpeaba con una fuerza insoportable.
Habían pasado cuatro semanas desde la segunda aplicación del tratamiento experimental. Cuatro semanas de incertidumbre.
Cuatro semanas en las que Omar había soportado fiebres, agotamiento, dolores musculares y largas horas conectado a distintos monitores.
Cada pequeño cambio era observado por un equipo completo de especialistas, pues nadie sabía con certeza cuál sería la respuesta definitiva de su organismo.
Aquella mañana llegaban los resultados más importantes hasta el momento.
Alrededor de la mesa se encontraban varios directivos del instituto, oncólogos, inmunólogos, y especialistas en farmacología. Nadie hablaba.
Solo se escuchaba el leve sonido del proyector mientras aparecían las tomografías comparativas.
Un médico pasó las imágenes una tras otra.
Las zonas oscuras que representaban los tumores comenzaban a reducirse.
No era una ilusión. Era visible.
El especialista respiró profundamente antes de comenzar su exposición.
—Los resultados son extraordinarios.
Todos levantaron la vista.
El médico señaló las imágenes ampliadas.
—La segunda dosis confirmó lo que sospechábamos después del primer ciclo. El medicamento está actuando exactamente como fue diseñado.
Cambió nuevamente la diapositiva.
—La combinación del agente biológico con el inmunomodulador sugerido por la doctora Samyra está permitiendo que el sistema inmunológico identifique únicamente las células malignas.
Otro investigador tomó la palabra.
—Lo más impresionante es que prácticamente no existe daño sobre el tejido pulmonar sano.
En la pantalla apareció un análisis microscópico.
—Las células cancerígenas están muriendo de manera progresiva, mientras el tejido sano continúa regenerándose. Hasta este momento, no encontramos evidencia de toxicidad severa.
Uno de los directivos no ocultó su emoción.
—¿Estamos hablando de una posible revolución para el tratamiento del cáncer pulmonar?
El oncólogo sonrió.
—Todavía debemos ser prudentes. Falta un largo camino antes de hablar de una cura definitiva, y poder probarlo en otros tipos de canceres.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero sí podemos decir que estamos presenciando uno de los avances más prometedores de las últimas décadas.
La sala quedó completamente en silencio.
Después... Los aplausos comenzaron.
Primero fueron tímidos. Luego toda la sala terminó poniéndose de pie.
Muchos médicos sonreían. Otros tenían lágrimas contenidas.

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