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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 192

Al día siguiente.

El Hospital despertó con la misma rutina frenética de siempre.

Médicos recorriendo los pasillos con expedientes en las manos, enfermeras preparando medicamentos y el sonido constante de los monitores cardíacos mezclándose con el ir y venir de los pacientes.

Samyra cruzó las puertas automáticas con el rostro cansado, pero decidida.

Había pasado gran parte de la noche revisando nuevamente el protocolo del tratamiento experimental de Omar. Aquella dosis era decisiva y no estaba dispuesta a cometer el más mínimo error.

Entró directamente al área de oncología.

—¿Ya prepararon el medicamento? —preguntó mientras se colocaba la bata.

—Sí, doctora. Todo está listo para administrarlo dentro de unos minutos.

Samyra asintió.

Antes de comenzar, decidió revisar personalmente el expediente clínico de Omar por última vez.

No alcanzó siquiera a abrir la carpeta.

Una estridente alarma de emergencia rompió el silencio del piso.

Las luces rojas comenzaron a parpadear.

Durante un segundo todo el personal quedó inmóvil.

—¡Código rojo! —gritó una enfermera.

Otra corrió por el pasillo.

—¡Es la habitación del señor Omar Al-Sabah!

Samyra sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Sin pensarlo dos veces, salió corriendo.

Su corazón golpeaba con tanta fuerza que apenas podía respirar.

Mientras avanzaba por el pasillo observó cómo médicos y enfermeros corrían en la misma dirección.

Algo estaba muy mal.

Cuando llegó a la habitación encontró una escena caótica.

Omar convulsionaba sobre la cama.

Su respiración era irregular.

El monitor cardíaco emitía pitidos frenéticos mientras su frecuencia aumentaba y descendía de forma alarmante.

—¡Temperatura cuarenta punto tres!

—¡La presión está cayendo!

—¡Está vomitando!

Una enfermera apenas alcanzó a girarle la cabeza antes de que volviera a expulsar sangre mezclada con un líquido oscuro.

Samyra sintió un escalofrío.

Aquello no era normal.

No era una reacción típica del tratamiento.

No correspondía al comportamiento clínico del cáncer.

Algo no encajaba.

—¡Llévenlo inmediatamente a urgencias!

Entre varios médicos trasladaron la camilla mientras Samyra corría a un lado de Omar sosteniendo una mascarilla de oxígeno.

—Omar… resiste… por favor…

Aunque sabía que él no podía escucharla, necesitaba decirlo.

Al ingresar al área de reanimación comenzaron las maniobras de emergencia.

—¡Canalicen otra vía intravenosa!

—¡Preparen adrenalina!

—¡Tomen muestras de sangre completas!

—¡Gasometría!

—¡Perfil toxicológico!

Las órdenes se sucedían una tras otra.

Samyra observaba cada movimiento con el corazón destrozado.

No era solo una doctora viendo sufrir a un paciente.

Era la mujer que se negaba a perder al hombre que amaba.

Después de estabilizarlo parcialmente, el monitor mostró una ligera mejoría.

Pero Omar seguía inconsciente.

Su cuerpo continuaba reaccionando de una manera completamente anormal.

Samyra comenzó a revisar uno por uno los signos vitales.

Frunció el ceño.

—No...

Volvió a revisar.

Sacudió la cabeza.

—Esto no corresponde al cáncer.

Uno de los médicos levantó la vista.

—¿Qué quiere decir?

—Los síntomas no coinciden.

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