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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 196

En el video, Nassira y Phillip observaron la pantalla.

Nassira se conmovió con fuerza al escuchar la voz de su hermano.

“—Murad... Fahriye... Si están viendo esto significa que quería dejarles un pedacito de mí. Quizá ya sean grandes. Quizá todavía sean pequeños. No lo sé. Pero hay algo que jamás quiero que olviden. Los amo. Los amo incluso antes de haber podido abrazarlos. ¿Saben por qué elegí sus nombres? Porque un día soñé con ustedes. Los vi corriendo por un jardín. Escuché sus risas. Y cuando desperté... Supe exactamente cómo quería llamarlos. Murad significa "sueño cumplido". Porque eso eres para mí. El sueño más hermoso que Dios pudo concederme. Y tú, Fahriye... Tu nombre significa "la honorable". La mujer noble. La que ama con todo el corazón. Espero que crezcas siendo fuerte. Libre. Valiente. Y que jamás permitas que nadie apague la luz que llevas dentro.

Respiró profundamente. Las lágrimas ya recorrían su rostro.

—Ustedes dos... Y su madre... Son el mayor regalo que la vida pudo darme. Nunca olviden cuánto la amo. Ella es la mujer más fuerte que he conocido. Luchen siempre por protegerla. Abrácenla mucho. Háganla reír. Porque ella ha sacrificado demasiado por ustedes.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Y recuerden algo más. Sin importar dónde esté... Papá siempre los amará. Siempre. Nunca dejen de perseguir sus sueños. Nunca permitan que la culpa ocupe el lugar del amor. Y jamás olviden que fueron deseados... Desde mucho antes de nacer. Espero estar ahí cuando vean este video... Pero si la vida decide otra cosa... Quiero que sepan que cada segundo de mi existencia valió la pena simplemente porque ustedes llegaron a ella. Los amo... Con todo mi corazón.

Extendió la mano para apagar la cámara, pero no alcanzó.

En ese momento alguien llamó a la puerta.

—Adelante.

Entró Lara.

Llevaba una bandeja con un vaso de jugo de color rojizo.

—Señor Al-Sabah. La doctora Hassan preparó personalmente este suplemento nutricional. Quiere que lo beba completo. Dice que ayudará a fortalecer su organismo antes del siguiente tratamiento.

—Gracias.

Lara dejó el vaso sobre la mesa.

—Que tenga buena tarde.

—Editaré ese video más tarde. Quiero agregar algunas cosas. Apagó definitivamente la grabación.

Luego Omar tomó el vaso, bebió el jugo hasta la última gota y el video se finalizó”

Los ojos de Nassira y Phillip se miraron incrédulos.

—¿Qué significa esto?

Phillip abrió ojos enormes.

—¡Esto es una prueba! Imposible, debemos ir con Samyra, ella no pudo enviar esa bebida para Omar. Debemos comprobar a verdad, esto podría limpiar el nombre de Samyra.

Nassira asintió con rapidez.

***

Cuando llegaron a la habitación, Samyra permanecía recostada sobre la cama del hospital.

Las luces estaban tenues y el monitor que vigilaba su presión arterial emitía un pitido constante, rompiendo el silencio de la habitación.

No dormía. Era incapaz de hacerlo.

La puerta se abrió lentamente.

Samyra levantó la vista.

Nassira entró primero.

Detrás de ella caminaba Phillip, sosteniendo una tableta electrónica entre las manos.

Ambos tenían expresiones serias, pero había algo diferente en sus rostros.

Una chispa de esperanza.

—¿Nassira...? —preguntó Samyra incorporándose con dificultad—. ¿Qué ocurre? ¿Cómo está Omar?

Nassira se acercó enseguida y tomó una de sus manos.

—Sigue estable... continúa luchando.

Los ojos de Samyra se humedecieron.

—Gracias a Dios...

Phillip dio un paso al frente.

—Samyra... creemos que encontramos algo muy importante.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué encontraron?

Nassira levantó la tableta.

—Revisé la cámara que encontramos entre las pertenencias de Omar.

Los ojos de Samyra se abrieron con sorpresa.

—¿La cámara?

—Sí, quería hacer videos para ti y sus hijos.

Nassira asintió.

—Había una grabación que podría demostrar que tú no tuviste nada que ver con lo ocurrido.

Samyra sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.

—¿Qué... qué dice?

Phillip encendió la pantalla y colocó la tableta frente a ella.

—Queremos que la veas con nosotros.

El video comenzó a reproducirse.

Samyra abrió los ojos de golpe.

—¡No!

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