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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 23

—¡Tú! —dijo Nassira y señaló a Samyra—. Eres una egoísta, orgullosa… ¿Cómo te atreves a hablarle así a la familia de tu esposo? ¡Hermano, controla a tu esposa!

El ambiente se tensó de inmediato.

Samyra no respondió. Ni siquiera cambió el gesto. Solo la miró, quieta, con una calma que no parecía sumisión, sino distancia. Como si aquello ya no la tocara del todo.

Omar dio un paso adelante.

—Ya basta, Nassira.

Su voz no fue alta. Pero cortó el aire.

Nassira lo miró incrédula.

—¿Basta? ¡Ella me ha humillado delante de todos!

Omar no apartó la mirada.

—Te humillaste sola cuando empezaste a acusar sin pruebas.

El silencio se volvió más pesado.

Nassira apretó la mandíbula, indignada.

—¡Hermano, ella es la que está rompiendo esta familia!

Omar respiró hondo. No miró a Nassira cuando habló.

—Tú comenzaste los problemas, Nassira, ¡tienes lo que mereces!

Se giró apenas hacia ella.

—A partir de hoy, tu gasto se reduce a la mitad.

Nassira se quedó congelada.

—¿Qué…?

Su voz se quebró en incredulidad.

—¿Por ella?

Omar negó.

—Por ti.

La palabra cayó con más peso que un grito.

Nassira abrió la boca, pero no encontró respuesta. Solo rabia.

—Estás ciego… —susurró—. Esa mujer no te conviene.

Samyra, que hasta ese momento había permanecido inmóvil, ladeó ligeramente el rostro. No había dolor en su expresión. Solo algo más frío.

Desinterés.

—Ya terminaste —dijo ella.

Fue suave. Casi educado.

Pero suficiente. Se dio la vuelta. Y se fue.

Sin prisa. Sin drama. Sin mirar atrás.

El silencio que dejó no era calma. Era vacío.

Nassira aún murmuraba algo, pero nadie la escuchaba.

Omar no se movió.

Sus ojos siguieron el pasillo por donde Samyra había desaparecido.

—Hermano… —Nassira intentó otra vez—. ¿Por qué la defiendes tanto si ella te está fastidiando la vida, ella solo reduce tu felicidad?

Eso sí lo rompió. Omar cerró los ojos un instante.

Luego habló:

—Samyra quiere el divorcio.

El aire cambió. Anur levantó la mirada de inmediato.

—¿Qué?

Nassira sonrió, incrédula, como si por fin todo encajara.

—Perfecto. Entonces divórciate de esa coja y termina con esto. Es tu oportunidad de ser feliz con Nayla, ella si te ama, y es la mujer que amabas.

Omar giró lentamente hacia ella.

No había furia explosiva. Había algo peor.

—No vuelvas a decir eso.

Nassira dudó.

—Solo digo la verdad.

Omar asintió lentamente, sin mirarlo.

Otro silencio. Más largo. Más incómodo.

—Anur… —dijo Omar al fin.

Esta vez su voz no era firme. Era cuidadosa.

Anur lo miró.

Omar dudó un segundo. Como si lo que iba a decir no tuviera forma correcta.

—Si te ayudo a estabilizar tus negocios…

El aire se tensó otra vez entre los dos, y Omar lo miró fijamente. Anur le miró con intriga.

Omar lo dijo sin adornos:

—¿Te casarías con Nayla?

El silencio fue inmediato. Anur lo miró fijo.

—¡¿Qué?!

Omar sostuvo la mirada esta vez.

No había estrategia en su expresión. Solo cansancio.

—Nayla está en una situación complicada —dijo—. No puede terminar en manos de ese hombre cruel, no puedo permitir que la dañen.

Anur lo interrumpió, seco:

—¿Y tú solución es entregarme a tu primer amor?

Omar apretó la mandíbula. No respondió de inmediato.

Porque no era una solución. Era una salida.

—No te estoy pidiendo que la ames —dijo al fin—. Solo que la protejas por mí.

Anur se inclinó hacia atrás, incrédulo.

—Esto no eres tú, Omar.

Omar bajó la mirada un instante. Cuando habló, su voz era más baja.

—Tal vez, pero… si tomo una segunda esposa, voy a perder a Samyra y no sé si podré soportarlo.

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