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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 24

El hospital estaba demasiado silencioso para todo lo que se estaba rompiendo dentro de sus muros.

Las luces blancas, frías e impersonales, iluminaban los pasillos largos donde el eco de los pasos parecía más fuerte de lo normal. Había médicos entrando y saliendo con prisa, enfermeras hablando en voz baja, y ese olor característico a desinfectante que no lograba ocultar el peso de la desesperación humana.

En medio de ese ambiente, Nassira avanzaba con paso firme.

Nassira Al-Sabah no solía mostrarse vulnerable en lugares como ese. Pero esta vez había algo distinto en su rostro: urgencia.

Cuando dobló el pasillo principal, y entró en la habitación, la vio.

Nayla estaba sentada en la cama, encorvada, con las manos apretadas entre sí y los ojos completamente enrojecidos. Su respiración era irregular, como si estuviera tratando de contener un colapso que llevaba rato creciendo dentro de ella.

Nassira se detuvo solo un segundo.

Y luego fue hacia ella.

La abrazó sin decir nada primero, sosteniéndola con firmeza, como si quisiera evitar que se desarmara por completo.

—Tranquila… Nayla —susurró, con una voz más suave de lo habitual—. No llores, estás demasiado frágil para esto.

Nayla tardó un momento en reaccionar.

Y después, como si ese contacto hubiera sido el último hilo de contención, se quebró.

Se aferró a Nassira con desesperación, llorando con fuerza contenida.

—¿Qué voy a hacer? —dijo entre sollozos—. ¿Qué va a ser de mí ahora? Tengo que volver a Medina… tengo que volver con ellos… me van a obligar a casarme con ese hombre… ese viejo… yo no puedo… no voy a sobrevivir ahí…

Su voz se rompía con cada palabra, pero había algo más debajo del miedo.

Algo más profundo.

Algo que Nassira aún no identificaba del todo.

—Voy a morir ahí, Nassira… voy a morir.

Nassira tomó su rostro con ambas manos, obligándola a mirarla.

—No vas a ir a ningún lado —dijo con decisión—. Te lo prometo.

Nayla parpadeó rápidamente, como si intentara entender si eso era real o solo consuelo momentáneo.

—No tienes idea de lo que es esa casa… —susurró—. No tienes idea de lo que me espera.

Nassira apretó la mandíbula.

—Entonces no volverás.

Hubo un silencio breve. Pero no vacío.

Cargado.

Nayla bajó la mirada lentamente, como si estuviera procesando algo más que miedo.

—¿Y qué otra opción tengo? —preguntó en voz baja.

Nassira no dudó.

—Serás la segunda esposa de mi hermano.

Las palabras cayeron con peso definitivo.

No como una sugerencia. Como una decisión ya tomada.

Nayla se quedó inmóvil.

Pero no reaccionó de inmediato como alguien que acaba de recibir salvación.

Reaccionó como alguien que está midiendo consecuencias.

Sus ojos se humedecieron otra vez, pero su respiración cambió ligeramente.

—¡Sabes que Samyra no lo quiere! Y temo que, Omar tampoco lo quiera ya —preguntó suavemente.

—No digas eso, eres el primer amor de mi hermano, todos sabemos que él te elegirá a ti —respondió Nassira.

El silencio volvió a instalarse entre ambas.

Y entonces Nayla bajó la mirada otra vez, como si el dolor regresara.

—Hay algo más… —susurró.

Nassira frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

Nayla tragó saliva.

Capítulo: Un pequeño fracaso 1

Capítulo: Un pequeño fracaso 2

Capítulo: Un pequeño fracaso 3

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