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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 236

La doctora se quitó lentamente la mascarilla. En su rostro se reflejaba el cansancio de más de diez horas de cirugía ininterrumpida, pero también una tenue sonrisa.

Phillip sintió que el corazón se detenía.

No fue capaz de respirar hasta escuchar sus siguientes palabras.

—La operación fue un éxito.

Por un instante, nadie reaccionó.

Era como si aquellas palabras tardaran en encontrar un lugar dentro de sus corazones.

Entonces Phillip cerró los ojos con fuerza y soltó el aire que llevaba conteniendo durante horas.

Phillip dejó escapar una risa ahogada que terminó convirtiéndose en lágrimas.

Se cubrió el rostro con ambas manos.

Había pasado las últimas diez horas imaginando el peor desenlace.

Ahora, por fin, podía volver a respirar.

La doctora esperó unos segundos antes de continuar.

—Aún queda un largo camino por recorrer. Las próximas semanas serán fundamentales. Debemos vigilar que el organismo acepte el útero trasplantado y controlar cuidadosamente la respuesta inmunológica.

Phillip asintió sin apartar la vista de la doctora.

—¿Y... podrá tener hijos?

La especialista sonrió con prudencia.

—Ese sigue siendo nuestro objetivo, pero debemos ir paso a paso. Si la recuperación continúa como esperamos, dentro de algunos meses podremos comenzar a pensar en el embarazo utilizando los embriones que fueron criopreservados.

Las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Phillip.

—Gracias...

Su voz apenas era un susurro.

—Gracias por no rendirse.

La doctora negó con una sonrisa.

—La verdadera valiente fue ella.

Hubo un breve silencio.

Phillip respiró profundamente antes de preguntar aquello que más deseaba.

—¿Puedo verla?

—Sí. Acaba de ser trasladada a recuperación. Todavía estará bajo los efectos de la anestesia, pero seguramente le hará bien escuchar su voz.

Phillip no esperó un segundo más.

***

La habitación permanecía en penumbra.

El sonido constante del monitor cardíaco era el único ruido que rompía el silencio.

Phillip entró despacio.

Por un momento le costó reconocer a Nassira.

Su rostro estaba pálido. Sus labios resecos. Varias vías intravenosas recorrían sus brazos y una delgada cánula llevaba oxígeno hasta su nariz.

Aun así...

Seguía siendo la mujer más hermosa que había visto en su vida.

Se acercó lentamente.

Tomó su mano con infinita delicadeza y besó sus dedos.

—Ya pasó... —susurró.

—Todo terminó.

Permaneció sentado junto a ella durante varios minutos.

No le importaba cuánto tiempo tuviera que esperar. Solo quería estar allí cuando despertara.

Finalmente, los párpados de Nassira comenzaron a moverse.

Frunció ligeramente el ceño.

Todo le daba vueltas.

Sentía el cuerpo pesado. Le costaba recordar dónde estaba.

Giró apenas la cabeza.

La primera persona que vio fue Phillip.

Él seguía sosteniendo su mano.

Sus ojos estaban enrojecidos por el llanto, pero sonreía como nunca antes.

—Hola... hermosa.

Nassira intentó hablar, pero la garganta le ardía.

Solo consiguió mover los labios.

—¿Cómo...?

Phillip comprendió de inmediato la pregunta.

Acarició con ternura su cabello.

—Lo lograste. La cirugía fue un éxito.

Los ojos de Nassira comenzaron a llenarse de lágrimas.

Una sonrisa cansada apareció lentamente en su rostro.

Quiso levantar una mano, pero apenas tenía fuerzas.

Phillip la ayudó.

Ella acarició suavemente su mejilla.

—¿De verdad?

Él asintió una y otra vez.

—Sí.

Todo salió bien. Ahora solo debes descansar.

Ella cerró los ojos unos segundos.

Sintió el dolor recorrer su abdomen.

La anestesia aún la mantenía adormecida.

Todo su cuerpo parecía pesar toneladas.

Sin embargo... Por primera vez en muchos años, el dolor físico era mucho más pequeño que la esperanza que latía dentro de su corazón.

Había sobrevivido.

Su sueño seguía vivo.

—Gracias, Alá... —susurró antes de quedarse dormida nuevamente.

Phillip besó su frente.

Jamás había sentido tanta gratitud.

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