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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 25

El aire dentro de la habitación parecía más pesado de lo habitual.

Nayla caminaba de un lado a otro, con las manos entrelazadas y la respiración entrecortada, como si cada pensamiento la empujara un poco más hacia el borde de algo que no quería aceptar del todo.

Cuando levantó la mirada, se encontró con él.

Anur estaba de pie cerca de la puerta, con expresión seria, casi incómoda, como si la conversación que estaba a punto de tener ya hubiera sido decidida por alguien más antes de empezar.

Nayla se detuvo en seco.

—¿Qué dijiste? —preguntó con voz baja, aunque sus ojos ya lo sabían antes de escuchar la respuesta—. ¿Cómo sabes eso?

Anur exhaló lentamente.

—Omar me lo pidió.

El silencio que siguió no fue vacío. Fue denso.

Nayla apretó los labios.

—No… —susurró—. No puede ser verdad.

Anur bajó un poco la mirada, como si esa parte fuera la más difícil de decir.

—Incluso me pidió algo más.

Nayla lo miró de inmediato.

—¿Qué cosa?

Anur dudó un segundo.

—Que yo me case contigo.

La reacción fue inmediata.

Nayla dio un paso atrás como si la hubieran golpeado.

—¿Qué? —su voz se quebró, pero no solo por dolor; también por incredulidad—. ¡No! ¡Omar no haría eso!

Su respiración se aceleró, y por un instante pareció realmente fuera de control.

Pero en el fondo, algo en su mirada empezó a acomodarse.

Como si estuviera entendiendo la forma exacta en la que ese mundo funcionaba.

Anur intentó mantener la calma.

—Lo hizo para salvarte.

Nayla apretó los puños.

—¿Salvarme? —repitió con amargura—. ¿Llamas salvarme a esto?

Sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez, pero esta vez había más rabia que dolor.

—¡Me está entregando como si fuera una carga!

Anur no respondió de inmediato.

Y ese silencio fue suficiente.

Nassira se acercó a Nayla y la tomó del brazo con cuidado.

—No estás sola —dijo con firmeza—. Esto es por culpa de Samyra.

El nombre cayó como una sentencia invisible.

Nayla bajó la mirada un segundo. No reaccionó de inmediato. Pero algo en su respiración cambió.

Nassira continuó.

—Omar está atrapado. Pero no te va a abandonar.

Anur la miró, incómodo.

—Esto se está saliendo de control…

Pero Nassira no lo escuchó.

—Si es necesario, lo obligaremos a entender.

Nayla levantó la mirada lentamente. Su expresión seguía siendo frágil. Pero ya no era solo fragilidad. Era decisión contenida.

—No quiero problemas… —susurró—. Solo quiero no volver a Medina.

Su voz tembló otra vez, pero esta vez el llanto era más controlado, más medido.

—Si tengo que irme… lo haré.

Por dentro la mujer ardía de rabia, pero no iba a demostrarlo.

***

Mientras tanto

En la casa Al-Sabah, el silencio era distinto.

No era caos. Era contención.

Samyra Al-Sabah estaba de pie cerca de una pared, inmóvil.

Había escuchado demasiado. No todo. Pero suficiente. Fragmentos. Voces.

Decisiones tomadas sin ella.

Y, sobre todo, una frase que no podía dejar de repetirse en su mente:

“Si tomo una segunda esposa, voy a perder a Samyra…”

El pensamiento no le daba alivio.

Capítulo: Fingir que te vas 1

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