Al día siguiente llegó la gran fiesta nupcial.
Sería en un gran hotel se preparaba para celebrar la unión entre Zayn Al Qasimi y Fahriye Al Sabah.
Mientras tanto, en una de las salas privadas del palacio, donde solo los miembros más cercanos de la familia podían entrar, el Emir Rashid permanecía de pie frente a la ventana, observando los jardines iluminados.
A su espalda, Hamdan mantenía la cabeza baja.
Frente a ellos estaba Adnan.
Por primera vez en muchos días, había salido de las mazmorras.
Sin embargo, la libertad que recibía no era un perdón.
Era una última oportunidad.
El Emir Rashid lo observó con una frialdad que hizo que incluso su propio nieto sintiera un escalofrío.
—Escúchame bien, Adnan —dijo con voz firme—. No volverás a acercarte a tu hermano. No volverás a mencionar el nombre de Fahriye con desprecio. Has causado suficiente daño.
Adnan apretó los puños.
—Abuelo...
El Emir levantó una mano, interrumpiéndolo.
—Te daré dinero. Una cantidad suficiente para que vivas lejos de aquí. Te irás a Omán con esa mujer y ese niño. Construirás una vida lejos de esta familia.
Los ojos de Adnan se abrieron con incredulidad.
¿Irse?
¿Abandonar todo?
¿Aceptar que Zayn había ganado?
Su orgullo se negaba.
Lentamente cayó de rodillas.
—Abuelo... soy tu nieto. Soy un jeque de Furayia.
El Emir lo miró sin emoción.
—Eras un jeque.
Las palabras golpearon más fuerte que cualquier castigo físico.
—Hoy estarás presente en la celebración únicamente porque necesito que el mundo vea que esta familia permanece unida. Sonríe, felicita a tu hermano y mantén la boca cerrada.
Adnan bajó la mirada.
Asintió lentamente.
Pero dentro de su corazón no había aceptación.
Solo odio.
Mientras salía de la sala, sus ojos se oscurecieron.
"No, Zayn..."
"No dejaré que tengas todo lo que siempre debió ser mío."
"Fahriye era mi esposa. Ella debía estar a mi lado."
La mentira que se repetía a sí mismo era la única forma que tenía de soportar la realidad.
***
Cuando abandonó la sala, Hamdan lo siguió con la mirada.
Había algo en su hijo que le provocaba miedo.
No era la rabia.
Era la ausencia de arrepentimiento.
Adnan no parecía entender el daño que había causado.
Solo parecía dolido por haber perdido.
—Padre... —dijo Adnan, deteniéndose antes de marcharse.
Hamdan suspiró.
—¿Qué quieres?
Adnan se acercó.
—Ayúdame.
El hombre frunció el ceño.
—Adnan...
—¿Recuerdas a aquella mujer americana? —preguntó en voz baja—. La mujer que siempre estuvo detrás de mi hermano.
Hamdan quedó inmóvil.
Sabía perfectamente de quién hablaba.
La joven que años atrás había intentado acercarse a Zayn.
La mujer que él había visto como una posibilidad para separar a su hijo menor de Fahriye.
—No hagas esto —dijo Hamdan.
Pero Adnan sonrió.
—Es mi última oportunidad.
Hamdan sintió un peso en el pecho.
Por primera vez comprendió que todos los errores del pasado estaban regresando para cobrarle la factura.
Había protegido demasiado a un hijo y había herido al otro.
Y ahora el resultado estaba frente a él.
***
Esa noche, finalmente llegó la gran celebración nupcial.
Era en un elefante hotel.
Miles de luces iluminaban, las fuentes de mármol reflejaban los candelabros dorados y los invitados más importantes del país habían llegado para presenciar la unión de dos de las familias más poderosas del Golfo.
En la habitación privada de la novia, Fahriye permanecía frente al espejo.
Por primera vez en mucho tiempo, no veía a una mujer destruida por los rumores.
Veía a una mujer fuerte.
Vestía un elegante vestido blanco de alta costura, completamente bordado con hilos de oro y pequeños diamantes que reflejaban la luz cada vez que se movía.
Sobre su cabeza llevaba un velo delicado adornado con piedras preciosas.
Las joyas que llevaba no eran solo adornos.

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