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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 27

Por la noche, Omar finalmente llegó.

El sonido de sus pasos resonó por el pasillo antes de que la puerta de la habitación se abriera lentamente. Samyra estaba sentada sobre la cama, completamente despierta, esperando.

Esperándolo.

Cuando Omar entró, se sorprendió al verla despierta. Por un instante intentó sonreír, pero aquella sonrisa desapareció al notar la expresión fría y llena de rabia en el rostro de su esposa.

Entonces Samyra percibió algo que hizo que su pecho ardiera todavía más.

El perfume femenino impregnado en su ropa.

No era suyo.

Sintió ganas de llorar, pero se obligó a mantenerse firme.

—¿Por qué robaste mi dinero? —preguntó directamente.

Omar se quedó perplejo.

—¿Qué?

Samyra se levantó lentamente de la cama y lo miró fijamente.

—Mis ahorros desaparecieron. También mi pasaporte, mi visa y mis documentos personales. ¿Quién te dio derecho a tomar mis cosas?

Omar soltó un suspiro cansado y caminó hacia ella con calma, como si intentara tranquilizar a una niña haciendo un berrinche.

—No robé nada, cariño —dijo suavemente—. Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo. Si necesitas dinero, solo tienes que pedirlo.

Samyra soltó una pequeña risa amarga.

Aquella palabra… “cariño”.

Qué vacía sonaba ahora.

—No quiero pedirte nada —respondió con frialdad—. Quiero lo que me pertenece.

Omar la observó atentamente.

Y entonces comprendió algo.

Sus ojos cambiaron de inmediato.

—Samyra… ¿Intentas escapar de mí?

Ella abrió los ojos con incredulidad.

Después rio.

Pero aquella risa estaba llena de dolor.

—¿Escapar de ti? ¿Por qué tendría que huir? No soy una fugitiva ni una criminal.

Su pecho comenzó a subir y bajar con fuerza.

—Quiero divorciarme de ti.

El silencio cayó entre ambos.

Pesado. Incómodo.

Omar tensó la mandíbula lentamente.

—¿Vienes de ver a la otra? —preguntó Samyra intentando controlar el temblor de su voz—. ¿Vienes de ver a Nayla?

Él levantó la mirada inmediatamente.

—No la llames “la otra”.

Aquellas palabras golpearon a Samyra más fuerte de lo esperado.

Porque la estaba defendiendo.

A ella. No a su esposa.

Omar dio un paso hacia Samyra.

—Entiende algo —dijo intentando sonar calmado—. No hago esto porque la ame. Nayla está sola. Si regresa a Medina, la familia de su esposo muerto la obligará a casarse con un anciano que le dobla la edad. Un hombre violento. Estoy intentando salvarla.

Samyra cerró los ojos un instante.

Y eso era precisamente lo peor de toda aquella situación.

Porque sabía que Omar no era cruel.

Sabía que realmente quería ayudar a Nayla.

Y aun así… eso no cambiaba el dolor que le estaba causando.

—Ya escuché esa treta muchas veces, ¿Y por qué tu forma de salvarla tiene que destruirme a mí? —preguntó finalmente.

Omar guardó silencio.

Samyra sintió un nudo en la garganta.

—Me prometiste que jamás habría otra mujer en nuestro matrimonio —susurró—. ¿Recuerdas esa promesa, Omar?

Él intentó acercarse nuevamente.

—Samyra, escucha…

Ella retrocedió inmediatamente.

—No.

Su voz tembló apenas.

—No quiero escucharte justificarlo otra vez.

Omar pasó una mano por su cabello con frustración.

—¿Por qué no puedes ser generosa? ¿Por qué no puedes entender que estoy intentando hacer lo correcto?

Samyra sintió algo romperse dentro de ella.

Porque comprendió algo horrible. Omar jamás entendería su dolor.

Para él, aquello era un sacrificio noble.

Para ella… era una traición.

—Vete de mi habitación.

Omar la observó sorprendido.

—Samyra…

—Vete.

Esta vez su voz salió más fría.

—No quiero hablar contigo ahora.

Capítulo: Rendirme no es el final 1

Capítulo: Rendirme no es el final 2

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