—¡Hermano, estás exagerando! —la voz de Nassira rompió el silencio del salón con una mezcla de nerviosismo y falsa calma—. Esto es un malentendido que ya se arregló. Por favor, olvídalo. Lo último que quiero es que pelees con tu esposa… menos ahora que deberíamos estar pensando en tu nueva boda.
La palabra boda cayó como una chispa en gasolina.
El ambiente cambió de inmediato. Omar se quedó completamente inmóvil.
No fue un movimiento visible.
Fue algo más profundo.
Una tensión silenciosa que recorrió su cuerpo entero.
Sus ojos se oscurecieron apenas.
—No te entrometas, Nassira —dijo con voz baja, controlada—. ¿Por qué tienes tanto miedo de que investigue esto para ayudar a mi esposa?
El uso de la palabra mi esposa hizo que Samyra levantara ligeramente la mirada.
Nassira dio un paso atrás de inmediato, como si la pregunta la hubiera tocado donde no debía.
—No tengo miedo… —respondió rápido, demasiado rápido—. Solo digo que esto ya está resuelto. Samyra se vio con un hombre desconocido en público. Es imprudente. Eso es todo.
El silencio se estiró.
Samyra giró lentamente hacia ella. Y la observó.
—¿Y por qué piensas eso, cuñada? —preguntó con calma—. ¿Por qué eres tan injusta conmigo?
Nassira frunció el ceño.
Samyra dio un paso adelante.
—Recuerda algo importante… —su voz se volvió más firme—. Alá también castiga a los injustos.
El ambiente se tensó. Nassira parpadeó.
—¿Qué estás diciendo?
Samyra no apartó la mirada.
—Estoy diciendo que juzgas sin pruebas… pero no juzgas a tu hermano cuando sale con otra mujer.
Esa frase cambió todo. Un silencio pesado cayó sobre la sala.
Nayla, que hasta ese momento había permanecido en segundo plano, apretó ligeramente los dedos sobre su vestido.
—¡Yo no soy ninguna otra mujer! —explotó de inmediato.
La voz de Nayla fue más aguda de lo que pretendía.
Samyra giró lentamente hacia ella.
—Te das por aludida demasiado rápido —dijo con una leve inclinación de cabeza—. Eso solo demuestra que conoces tu lugar en esta conversación.
Nayla se quedó rígida. Sus ojos brillaron apenas.
—Yo fui importante para Omar en el pasado —respondió, intentando mantener control.
Samyra la observó unos segundos. Luego negó lentamente.
—Exacto. Pasado.
La palabra cayó con precisión.
—Y el pasado no tiene derecho a intervenir en el presente.
Nayla apretó la mandíbula.
Samyra volvió su atención a Nassira.
—Así que te pregunto otra vez, cuñada… ¿por qué solo me juzgas a mí?
El aire parecía más denso.
Nassira abrió la boca, pero no encontró una respuesta inmediata.
Y ese segundo de duda fue suficiente.
Omar dio un paso adelante.
—Basta.
Su voz fue firme. Cortante. El tipo de voz que no admite discusión.
Nassira lo miró inmediatamente.
—Hermano, ella está insinuando que eres infiel…
—No está insinuando nada —interrumpió Omar sin apartar la mirada de Samyra—. Está preguntando por qué hay dos pesos diferentes en esta casa.
Ese comentario cambió la dirección del poder en la sala.
Nassira abrió los ojos, sorprendida.
—¿Estás defendiendo esto?
—Estoy pidiendo respuestas —respondió él.

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