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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 36

El salón estaba demasiado silencioso para la tensión que lo llenaba.

No era un silencio tranquilo, sino uno de esos que pesan, como si las paredes estuvieran escuchando y esperando el siguiente error para delatarlo.

Nassira mantenía la mirada fija en Omar, pero sus manos temblaban levemente a los costados del vestido. Había hablado sin medir el alcance de sus palabras, impulsada por algo que mezclaba celos, miedo y una necesidad absurda de tener razón.

—¿Cómo pudiste hacer esto, Nassira? —la voz de Omar salió baja, pero cortante—. ¿Sabes que pude haber repudiado a Samyra? ¿Sabes lo que pudo sufrir por tu culpa?

El nombre de Samyra cayó en el ambiente como una sentencia.

Nassira frunció el ceño, negándose a retroceder.

—Hermano… yo solo vi lo que vi. Ese hombre la mira demasiado, mira las fotos, como se miran, como no dejan de hablar. No es normal. Seguro… seguro es su amante.

La última palabra no salió firme. Salió como una suposición que intentaba convertirse en verdad para justificar el daño que ya había causado.

Omar cerró los ojos un segundo. Fue un gesto breve, casi invisible, pero en él había algo contenido desde hacía demasiado tiempo.

Cuando los abrió, ya no había paciencia.

El sonido del golpe resonó seco.

La bofetada giró el rostro de Nassira con violencia. Por un instante, el mundo pareció detenerse. El aire se volvió más denso, como si incluso los criados invisibles del lugar hubieran dejado de respirar.

Nassira tardó en reaccionar. Llevó la mano a su mejilla ardiente, incrédula. Luego el dolor llegó completo, acompañado de un chillido ahogado.

—¿Me golpeaste, hermano?

Nassira golpeó el suelo con sus zapatillas en un gesto de frustración.

—¡Basta! —la voz de Omar explotó por primera vez—. ¡Basta de hablar sin pensar, de destruir el nombre de mi esposa!

El silencio que siguió fue aún más pesado.

Nassira lo miró, con los ojos humedecidos, pero no solo de dolor. También había algo de miedo ahora. Algo nuevo.

Omar no solía golpearla.

Nunca.

Eso hacía que el gesto fuera más grave que la misma bofetada.

—Te ordeno que vayas con mis abuelos —continuó él, respirando con fuerza—. Vas a explicarles todo. Vas a enfrentar lo que has hecho.

El rostro de Nassira cambió.

—No… —susurró—. Hermano, sabes lo que eso significa. El abuelo… él no habla, él castiga.

Su voz se quebró un poco más.

—Me castigará con el látigo.

La palabra quedó flotando en el aire.

Omar no apartó la mirada.

—Eso debiste pensarlo antes de ser cruel con mi esposa, incluso conmigo.

Nassira dio un paso atrás instintivamente. No era solo el miedo al castigo físico. Era la idea de perder su lugar, su protección, su identidad dentro de esa familia.

Y por primera vez, su seguridad arrogante se desmoronaba.

En ese momento, una voz suave intervino.

—Omar… por favor.

Nayla había estado ahí todo el tiempo, pero ahora daba un paso al frente.

Su tono era delicado, calculado, como si cada palabra estuviera elegida para no romper nada… o para no romperse a sí misma.

—Sé indulgente con Nassira. Ella solo quería lo mejor para ti.

Omar giró lentamente la cabeza hacia ella.

La mirada que le dio no era de calma. Era de análisis.

—¿Lo mejor para mí? —repitió, como si probara el sabor de esas palabras.

Nayla sostuvo su mirada, pero algo en sus ojos vaciló por una fracción de segundo, él siempre fue bueno con ella, indulgente, pero hoy no parecía dispuesto.

Nassira aprovechó ese instante.

—Es que… Nassira no pensó, es impulsiva, y yo… no quiero verla sufrir, es tu hermana, mi amiga, por favor, sé amable con ella, es tu pequeña hermana.

Capítulo: ¿Quién es tu cómplice? 1

Capítulo: ¿Quién es tu cómplice? 2

Capítulo: ¿Quién es tu cómplice? 3

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