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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 37

El aire dentro de la sala seguía cargado, como si la discusión anterior no hubiera terminado de disiparse del todo.

Nayla tenía los ojos fijos en Omar, intentando sostener una calma que ya no era natural. Había algo en su respiración, sutil pero evidente, que delataba el desgaste de la situación.

—¡Omar! —su voz salió más aguda de lo que pretendía—. Si no crees en mí, entonces acúsame. Ya no me importa. Hoy mismo me iré a Medina. Me iré y dejaré de ser un problema para ti.

El silencio se tensó aún más después de esas palabras.

Omar la observó sin moverse. No había sorpresa en su rostro, solo un análisis frío, como si estuviera midiendo la verdad detrás de cada sílaba.

Samyra, de pie a un lado, no intervino de inmediato. Sus ojos iban de Nayla a Omar, evaluando el equilibrio inestable de la conversación.

—Nayla… —Samyra habló por fin, con un tono controlado—. No tenemos pruebas para acusarte de nada. Y sobre irte a Medina, ya te he dicho que puedo ayudarte. Pero si esa es tu decisión, no voy a detenerte.

La frase cayó con una neutralidad que, sin embargo, no era indiferencia. Era una forma de cerrar un tema sin alimentar más drama.

Omar giró ligeramente la cabeza hacia ella. Su voz, cuando habló, fue más baja pero más firme.

—No estamos en posición de tomar decisiones impulsivas —dijo, sin apartar la mirada de Nayla—. Y mucho menos de dramatizar algo que aún no está claro.

Nayla apretó los labios.

—Juro que soy inocente —repitió sollozando, se veía tan débil que casi hizo que Samyra sintiera lástima por ella

Omar sostuvo su mirada unos segundos más.

El ambiente parecía suspendido. Finalmente, habló.

—Entonces… creo en ti.

La frase no trajo alivio inmediato. Más bien, dejó una extraña sensación de vacío, como si la tensión no se hubiera resuelto del todo, solo hubiera cambiado de forma.

Samyra rodó los ojos apenas, exhalando con suavidad, cansada del peso emocional del momento.

“Al final él siempre va a creer en Nayla”, pensó

—Lleven a Nassira con mis abuelos —ordenó entonces, con una claridad que cortó cualquier otra conversación.

El nombre de Nassira cayó como una sentencia.

A un lado de la sala, Nassira se estremeció. Su orgullo luchó por mantenerse firme, pero no pudo. El miedo y la rabia chocaban dentro de ella.

—¡No! —su voz se quebró mientras las lágrimas comenzaban a acumularse—. No es justo…

Pero nadie la detuvo ni la consoló.

Solo la condujeron fuera.

Mientras la sacaban, giró el rostro hacia Samyra. En su mirada había rabia… y algo más peligroso. Una rabia y un deseo de venganza.

Nayla fue también con Nassira.

***

Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a asentarse.

Esta vez era distinto. Menos explosivo, más íntimo.

Omar se quedó mirando el punto donde Nassira había estado antes de desaparecer.

Luego giró hacia Samyra.

—Samyra… —su tono bajó, perdiendo la dureza anterior—. Me gustaría conocer a tu profesor algún día.

Samyra lo miró, sorprendida por el cambio de dirección.

—¿Mi profesor? —repitió, arqueando apenas una ceja—. ¿Quieres saber si está enamorado de mí?

Una sonrisa breve cruzó su rostro, ligera, casi automática.

Luego soltó una risa corta, sin verdadera alegría.

—Dime quién podría enamorarse de esta coja…

El comentario salió con una naturalidad que no parecía completamente consciente, pero al terminarlo, el aire se volvió un poco más pesado.

Omar frunció el ceño de inmediato.

—Samyra… no digas eso.

No fue un reproche duro, pero sí firme. Protector.

Samyra apartó la mirada un segundo, como si el tema le resultara irrelevante o incómodo de sostener demasiado tiempo.

Antes de que la conversación pudiera seguir, un empleado se acercó con rapidez.

Capítulo: Rencor contra la cuñada 1

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