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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 39

Samyra salió de la mansión con paso firme, aunque por dentro el silencio de la conversación con la abuela todavía le pesaba más de lo que quería admitir.

El camino hacia su villa no era largo.

Lo suficiente para que la mente tuviera espacio de sobra para volver una y otra vez a las mismas palabras, a las mismas miradas, a los mismos silencios cargados de significado.

Intentó no pensar. No funcionó.

Fue entonces cuando la vio.

Nassira estaba de pie, a unos metros del sendero principal. No parecía una coincidencia. Era una espera.

Samyra sintió el impulso inmediato de evitarla. De seguir de largo sin detenerse, como había hecho antes.

Pero Nassira dio un paso hacia ella.

Y luego otro. Se plantó justo frente a su camino.

No había seguridad en su postura esta vez. Tampoco orgullo. Era algo más inestable. Algo que no terminaba de sostenerse.

—Samyra… —dijo, y su voz sonó más baja de lo habitual—. ¿Quieres saber por qué mi hermano nunca va a dejar a Nayla?

Samyra la miró en silencio.

No respondió de inmediato. Solo la observó, como si evaluara si esa pregunta merecía energía emocional.

—Nassira… —dijo al fin, con calma medida—. ¿No fue suficiente lo de hoy? ¿De verdad necesitas seguir?

Nassira apretó los labios. Sus ojos brillaron con algo que no era solo rabia. Era urgencia.

—No entiendes nada —respondió—. Nayla no es lo que crees.

Samyra mantuvo la mirada estable.

—Ya escuché demasiado hoy.

Pero Nassira no se movió.

Y entonces lo dijo. Sin preparación. Sin suavizarlo.

Como una herida abierta lanzada al aire.

—Está embarazada.

El mundo no se detuvo. Pero sí cambió de textura.

Samyra no reaccionó de inmediato. Su rostro permaneció quieto, demasiado quieto.

Sus ojos se fijaron en Nassira como si intentara confirmar si había entendido correctamente las palabras o si el significado era otro.

El silencio entre ambas se extendió más de lo normal.

—¿Embarazada…? —repitió finalmente Samyra.

Nassira dio un pequeño paso adelante, como si necesitara asegurarse de que el golpe llegara completo.

—Suma dos más dos —dijo, más fría ahora—. Y adivina quién es el padre.

Ahí sí hubo una reacción. No visible del todo.

Pero interna. Algo en el pecho de Samyra se tensó de forma inmediata, como una cuerda que se aprieta sin aviso.

El aire pareció más pesado.

Sin embargo, su expresión no cambió.

No podía cambiar. No delante de Nassira.

—Ah… —dijo suavemente, casi como si el comentario le resultara irrelevante—. Ya entiendo.

Luego una sonrisa breve. No alegre. No real. Cortante.

—Qué interesante forma de anunciar que tu hermano ha decidido romper todo lo que prometió.

La mirada de Nassira se endureció.

—No te atrevas a hablar así de él.

Samyra ladeó ligeramente la cabeza. Su voz seguía siendo calmada. Demasiado calmada.

—¿Así cómo? ¿Con honestidad?

Capítulo: ¿Desde cuando eres un traidor? 1

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