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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 41

Nayla no respondió de inmediato.

Su mirada se clavó en el suelo, como si allí pudiera encontrar una salida a la situación en la que acababa de quedar atrapada.

El aire en la habitación se había vuelto más pesado desde la llegada de Omar y Samyra, como si las paredes mismas hubieran absorbido la tensión.

Ella no esperaba que esto ocurriera así.

Había imaginado muchas versiones de ese momento, incluso lo había ensayado en su mente más de una vez: cómo lo diría, qué tono usaría, qué lágrimas serían necesarias para ser creíble. Pero nunca pensó que Omar la confrontaría de esa manera, con Samyra a su lado, mirándola como si cada respuesta fuera una sentencia.

Y, lo peor de todo, ya no tenía control de la historia.

El silencio se estiró demasiado.

Omar lo sintió como una provocación. Su mandíbula se tensó, sus ojos se oscurecieron, y dio un paso hacia adelante.

—¡Habla, Nayla! —su voz rompió el aire como un golpe seco—. ¿Estás embarazada o no?

El grito hizo que una de las sirvientas retrocediera instintivamente. Incluso el ambiente de la villa pareció encogerse ante la autoridad de su voz.

No era solo enojo. Era desesperación.

Porque Omar entendía algo que no decía en voz alta: mientras más durara ese silencio, más fuerte sería la duda en la mente de Samyra.

Y esa duda ya estaba rompiendo algo dentro de su matrimonio.

Nayla levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos estaban rojos, brillantes, perfectamente preparados para el llanto.

Pero detrás de esa apariencia vulnerable había algo más: cálculo, miedo y una urgencia desesperada por mantener el control de la narrativa.

—Yo… —su voz tembló— yo no… no sabía cómo decirlo.

Se llevó una mano al pecho, como si necesitara sostenerse.

—Sí… sí estoy embarazada.

El aire cambió de inmediato.

Samyra no reaccionó con sorpresa visible. No abrió los ojos de golpe, no dio un paso atrás. Solo sintió cómo algo dentro de ella se endurecía, como si una parte de su corazón hubiera decidido cerrarse por completo.

Omar, en cambio, apretó los puños.

“Está embarazada…”

El pensamiento golpeó su mente con fuerza.

Y con él vino otro, más pesado aún.

“Samyra tenía razón.”

El silencio volvió a caer, pero esta vez era distinto. Ya no era incertidumbre. Era juicio.

Nayla continuó rápidamente, como si temiera perder el control si se detenía.

—No lo sabía al principio… fue hace poco que me enteré —sus lágrimas comenzaron a caer con más fuerza, esta vez cuidadosamente sincronizadas con su voz—. No quise ocultarlo, lo juro. Tenía miedo… no sabía cómo reaccionarías.

Omar dio un paso atrás, pasándose la mano por la nuca, frustrado.

El problema ya no era solo la noticia. Era lo que esa noticia implicaba.

Si Samyra llegaba a creer que él había sido parte de eso… todo se derrumbaría.

Él giró lentamente la cabeza hacia ella.

La miró como si buscara una grieta en su expresión, algo que le indicara que aún podía creer en él.

Pero Samyra no lo miraba con amor. Ni con rabia.

Lo miraba con una calma peligrosa. Una calma que duele más que un grito.

Nayla, aprovechando el momento, bajó la voz.

—Yo no quería problemas… solo quería proteger a mi hijo.

Omar respiró hondo, intentando recuperar el control de la situación.

—Nayla… —dijo con firmeza— dime la verdad. ¿Quién es el padre?

Esa pregunta cambió todo. El cuerpo de Nayla se tensó de inmediato.

Su rostro perdió por un segundo la máscara de vulnerabilidad.

Retrocedió un paso.

—¿Cómo puedes preguntarme eso? —su voz se quebró, pero no solo de tristeza, sino de indignación controlada.

Omar no se movió.

—Respóndeme.

El silencio volvió a tensarse.

Nayla bajó la mirada otra vez, pero esta vez ya no era sumisión. Era una decisión.

Cuando volvió a hablar, su voz era más firme.

—El padre de mi hijo… es mi esposo.

Una pausa.

—Mi marido difunto.

El impacto fue inmediato.

Nayla apretó los labios, como si cada palabra le costara esfuerzo.

—Murió hace menos de dos meses. ¿Por qué estás preguntando esto ahora?

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas, pero esta vez había rabia detrás.

—Si ya no quieres ayudarme, dime la verdad. Me iré al exilio si es necesario… pero no voy a permitir que mi hijo crezca en un lugar donde lo traten como una carga o un error.

El silencio que siguió fue más complejo. Porque ahora ya no era solo una acusación. Era una historia que encajaba lo suficiente como para ser creíble.

Omar exhaló lentamente.

Y entonces miró a Samyra.

Capítulo: La nueva promesa de Omar 1

Capítulo: La nueva promesa de Omar 2

Capítulo: La nueva promesa de Omar 3

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