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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 42

Samyra salió de la villa sin despedirse.

La puerta se cerró detrás de ella con un sonido seco, pero ni siquiera volteó. Sentía el pecho demasiado lleno para seguir soportando más voces, más explicaciones, más promesas imposibles.

Necesitaba aire.

Necesitaba alejarse antes de terminar rompiéndose frente a ellos.

La noche era fresca, y el viento movía suavemente las telas oscuras de su vestido mientras avanzaba por el camino iluminado apenas por las lámparas exteriores de la residencia. No estaba lejos de su propia casa, pero aun así decidió caminar.

Paso a paso.

Como si el movimiento pudiera ayudarla a ordenar el caos dentro de su cabeza.

El silencio de la noche solo hacía más fuertes sus pensamientos.

“Ella está embarazada…”

La frase seguía golpeándola una y otra vez.

Incluso sabiendo que el hijo no era de Omar, algo dentro de ella seguía sintiéndose herido.

Porque él no había dudado. Ni un segundo.

Estaba dispuesto a proteger a Nayla. A darle su apellido. A convertir al hijo de otro hombre en parte de su familia.

Samyra levantó lentamente la mirada hacia el cielo oscuro. Sus ojos ardían, pero se negó a llorar. No quería hacerlo por él otra vez.

“Alá… dame paciencia.”

Su respiración salió temblorosa.

“Omar es injusto…”

La idea apareció en su mente casi con resentimiento.

Todo parecía girar alrededor de Nayla. Su protección. Su seguridad. Su futuro.

Mientras ella… Ella había sido siempre la que esperaba. La que entendía. La que aceptaba silencios. Migajas.

Samyra cerró los ojos un instante.

Y entonces llegó el pensamiento que más daño le hacía.

“Él nunca me amó.”

El dolor no vino como un golpe violento. Vino lento. Pesado.

Como algo que llevaba demasiado tiempo acumulándose.

Quizá el problema nunca había sido Omar. Quizá había sido ella. Ella, aceptando demasiado.

Ella, conformándose con una parte de él mientras fingía que era suficiente.

Una pequeña risa amarga escapó de sus labios.

Qué ridícula había sido.

Abrió los ojos y volvió a caminar. No.

Ya no podía seguir viviendo así. Tenía que aprobar el examen de posgrado. Tenía que irse.

Por primera vez en mucho tiempo, ese pensamiento no se sintió como un sueño lejano.

Se sintió como una salida.

**

Dentro de la villa, el ambiente seguía cargado.

Omar permanecía de pie frente a Nayla, con la expresión fría y controlada, aunque el cansancio comenzaba a marcarle el rostro.

Había tomado una decisión.

Y ahora debía dejar claras las condiciones.

—Tu hijo llevará mi apellido —dijo finalmente.

Nayla levantó la mirada de inmediato. Sus ojos todavía estaban húmedos por el llanto.

Omar continuó:

—Lo protegeré. Tendrá educación, seguridad y todo lo necesario.

Su voz era firme. Distante.

—Pero eso no cambiará nada respecto a los hijos que tenga con Samyra.

El rostro de Nayla se tensó apenas.

Omar la observó sin suavizar sus palabras.

—No será mi heredero principal. No recibirá más que mis hijos con Samyra. Y quiero que eso quede claro desde ahora, mis hijos de sangre serán mi prioridad.

El silencio cayó entre ambos.

Nayla sintió un pequeño escalofrío. Asintió lentamente.

—Entiendo…

Pero la realidad era más amarga de lo que esperaba.

Sí, Omar iba a salvarla. Sí, la convertiría en su esposa.

Pero seguía existiendo una línea que jamás le permitiría cruzar.

Ella nunca ocuparía el lugar de Samyra.

Omar dio media vuelta, dispuesto a marcharse.

Pero antes de que pudiera alejarse, Nayla tomó su mano.

El gesto lo hizo detenerse.

—Omar…

Él miró hacia abajo, observando los dedos de ella aferrados a los suyos.

—¿De verdad… nunca vas a aceptarme como tu mujer?

Su voz salió más baja esta vez. Más vulnerable.

—Ni siquiera una vez…

Omar guardó silencio.

Nayla reunió valor y añadió:

Capítulo: Bajo el vapor 1

Capítulo: Bajo el vapor 2

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