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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 43

Samyra abrió los ojos de inmediato.

Giró apenas la cabeza. Y se quedó inmóvil.

Omar estaba ahí.

Dentro del baño.

El vapor rodeaba su cuerpo desnudo, haciendo que su figura se viera aún más imponente bajo la luz tenue. El agua deslizándose por su piel marcada, sus hombros anchos, la tensión visible en su mandíbula…

Samyra sintió que el corazón le golpeaba el pecho con fuerza.

Y luego bajaron. Demasiado. Demasiado rápido.

Sus ojos marrones recorrieron involuntariamente su cuerpo, sus músculos, sus piernas y su gran virilidad.

El calor le subió al rostro de inmediato.

Cerró los ojos bruscamente, casi avergonzada de sí misma.

—¡Omar! —su voz salió más alterada de lo que quería—. ¿Qué haces aquí?

Incluso siendo doctora… Incluso habiendo visto cuerpos masculinos antes…

Nada la preparó para verlo así.

Y lo peor fue la reacción de su propio cuerpo.

Su corazón latiendo con fuerza. Su respiración alterada.

Ese calor extraño expandiéndose lentamente dentro de ella.

Traidor. Su cuerpo era un completo traidor.

Omar dio un paso hacia ella.

Lento.

Sin apartar la mirada.

El agua mojaba su cabello oscuro mientras sus ojos permanecían fijos únicamente en Samyra.

—¿No te has quejado todo este tiempo de mi indiferencia? —murmuró finalmente—. ¿No dijiste que te convertí en una esposa viuda?

La garganta de Samyra se tensó.

El tono de Omar no era frío. Pero tampoco era suave.

Sonaba… decidido.

Como alguien que había llegado demasiado lejos como para retroceder.

—Vine a corregir mis errores, Samyra.

Ella abrió los ojos lentamente. Y por un instante sintió miedo. No de él. Sino de sí misma.

Porque una parte de ella quería creerle.

Otra vez.

Samyra recordó de golpe que ella también estaba desnuda.

Retrocedió un paso y cruzó los brazos sobre el pecho, intentando cubrirse.

—Omar… deja de insultarme y sal de aquí.

Él volvió a avanzar. Un paso. Luego otro.

Hasta quedar demasiado cerca.

Samyra contuvo el aliento.

El agua caliente seguía cayendo sobre ambos mientras el vapor encerraba el espacio entre ellos.

Entonces las manos de Omar se deslizaron lentamente hacia su cintura.

El contacto la hizo estremecerse. No fue brusco. Ni dominante.

Pero sí firme.

Como si hubiera esperado demasiado tiempo para tocarla así.

La acercó despacio hacia él.

Y Samyra sintió el calor de su cuerpo mezclarse con el suyo.

Su respiración. Su pecho. Su aliento rozándole la piel húmeda.

—Samyra… —la voz de Omar salió más baja esta vez— déjame demostrarte que solo existes tú como mi mujer.

El corazón de Samyra latió tan fuerte que le dolió.

Ella quiso apartarlo. De verdad quiso hacerlo.

Pero antes de que pudiera hablar, Omar inclinó la cabeza y la besó.

El mundo pareció detenerse.

El beso no fue salvaje. Fue lento. Caliente. Profundo.

Como si Omar estuviera intentando reconocerla después de tanto tiempo de distancia.

Los labios de Samyra se tensaron al principio.

Pero poco a poco, su resistencia comenzó a romperse.

Porque jamás había sido besada así.

Nunca.

Omar sostuvo su cintura mientras profundizaba el beso lentamente, como si estuviera luchando contra sí mismo a cada segundo.

Y Samyra sintió cómo algo dentro de ella comenzaba a derretirse.

El calor. La humedad. El contacto. Todo era demasiado.

Sus dedos terminaron aferrándose involuntariamente a los hombros de Omar.

Capítulo: Despreciada 1

Capítulo: Despreciada 2

Capítulo: Despreciada 3

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