Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 47

Omar bajó del auto apenas este se detuvo frente a la carretera secundaria que conducía al desierto.

El viento nocturno movía ligeramente su túnica oscura mientras daba órdenes rápidas a sus hombres.

—Lleven a la señora a la mansión —dijo sin mirar atrás—. Y asegúrense de que llegue bien.

Samyra permaneció sentada dentro del vehículo.

A través de la ventanilla, lo observó alejarse rodeado de guardias armados, decidido, rápido, completamente concentrado en otra mujer.

Y algo dentro de ella terminó de acomodarse.

No con rabia. Ni siquiera con celos.

Con tristeza. Una tristeza silenciosa y pesada.

“Él correría hasta el fin del mundo por ella…”

La idea apareció sola.

Y dolió más porque Samyra supo que era verdad.

Omar ni siquiera había dudado.

Había escuchado el nombre de Nayla… y todo lo demás desapareció.

Incluso ella.

El auto arrancó de nuevo.

Samyra apoyó la cabeza contra la ventanilla.

Las luces de Dubái atravesaban la oscuridad como reflejos borrosos mientras el silencio llenaba el interior del vehículo.

Nadie habló. Ni siquiera los guardias. Y ella lo agradeció.

Porque si alguien le preguntaba cómo se sentía… probablemente no sabría responder.

***

Cuando llegó a la mansión, todo estaba demasiado tranquilo.

Como si la casa ignorara que algo dentro de ella acababa de romperse un poco más.

Subió lentamente a su habitación.

Se quitó los zapatos. Lavó su rostro.

Y después bajó a comer algo, aunque no tenía hambre.

Necesitaba obligarse. Necesitaba mantenerse funcional.

La comida apenas tuvo sabor. Pero aun así terminó el plato.

Luego volvió a subir.

Abrió su laptop. Sacó los libros que el profesor Duncan le había dado.

Y empezó a estudiar.

Porque si dejaba de hacerlo… pensaría demasiado.

“Voy a irme de aquí, Omar.”

Sus ojos recorrieron lentamente una página llena de anotaciones médicas.

“Podrás quedarte con Nayla.”

Tragó saliva.

“Podrás salvarla todas las veces que quieras…”

Sus dedos se tensaron ligeramente sobre el bolígrafo.

“Pero no a costa de mí.”

Y por primera vez en mucho tiempo, aquella idea dejó de sentirse imposible.

***

Lejos de ahí, en las afueras del desierto, una caravana de vehículos negros avanzaba levantando arena.

Omar observaba el viejo almacén abandonado desde el interior del automóvil.

La construcción estaba aislada.

Rodeada apenas por tierra seca y oscuridad.

A lo lejos podían verse luces pequeñas cerca de una pista improvisada.

Avionetas privadas.

Rutas ilegales de salida.

El jefe de seguridad habló en voz baja:

—Confirmado, señor. La tienen dentro.

Omar descendió del vehículo.

Su expresión ya no era la del hombre herido que había salido de la biblioteca.

Ahora era fría. Precisa.

Sus guardias revisaron armas rápidamente.

—Entren por atrás —ordenó Omar—. Nadie sale de aquí.

Los hombres asintieron.

Y segundos después, todo ocurrió rápido. Demasiado rápido.

Un grupo derribó la puerta lateral mientras otros neutralizaban a los guardias exteriores.

Se escucharon gritos.

Golpes. Disparos al aire. El caos estalló dentro de la bodega.

Omar avanzó entre el ruido con la pistola firme en la mano.

Su mirada recorrió el lugar hasta detenerse abruptamente.

Nayla. Estaba sentada en el suelo. Atada de manos y pies.

Tenía el velo desacomodado, el rostro húmedo por las lágrimas y marcas visibles en la piel.

Y algo en Omar se contrajo al verla así.

Era culpa. Culpa por no haber llegado antes.

**

Uno de los hombres intentó acercarse.

—¡No tienen derecho a entrar aquí! —gritó furioso—. Esa mujer pertenece a nuestra familia.

Omar giró lentamente hacia él.

El hombre era mayor.

Su mirada estaba llena de arrogancia incluso en medio del caos.

—Soy el hermano de su difunto esposo —continuó—. La ley me da derecho sobre ella.

Omar lo observó un segundo completo.

Y luego lo golpeó.

El hombre cayó al suelo con violencia.

—La ley no te da derecho a maltratarla —dijo Omar con una calma peligrosa.

El anciano escupió sangre y levantó la mirada con odio.

—¡No sabes quién es realmente! Esa mujer trae desgracia. Mi hermano murió y ella quería escapar. ¡Ella seduce hombres para salvarse!

Omar dio un paso hacia él.

Capítulo: Prueba insuficiente 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe