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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 56

Omar se levantó lentamente de la cama.

Durante horas había esperado aquel momento.

Había imaginado decenas de veces lo que le diría.

Cómo le explicaría todo. Cómo la convencería de volver.

Pero ahora que la tenía frente a él, ninguna palabra parecía suficiente.

Samyra estaba de pie junto a la puerta. Su respiración era agitada. Sus ojos estaban rojos.

Y aunque intentaba parecer fuerte, Omar podía ver el dolor detrás de aquella fachada.

Dio un paso hacia ella. Su mirada no era fría.

No era la mirada dominante del empresario que todos conocían.

Era la mirada de un hombre agotado.

Un hombre que llevaba dos noches sin dormir.

Levantó una mano para tocarla.

Pero Samyra retrocedió de inmediato.

Como si él quemara. Aquello le atravesó el pecho.

—Samyra...

—No me toques.

Su voz tembló. Y eso dolió todavía más.

—Por favor, escúchame.

Ella soltó una risa amarga.

—¿Escucharte?

Las lágrimas brillaban en sus ojos.

—¿De verdad tenías que llegar tan lejos?

Omar guardó silencio.

—¿Demandarme?

La palabra cayó como una piedra entre ambos.

—¿Bloquear mi pasaporte?

—Samyra...

—¿Congelar nuestras cuentas?

Él apretó los dientes.

—Escúchame...

—¿Expulsarme del hotel?

Cada pregunta era una puñalada. Cada palabra llevaba semanas, meses, años de frustración acumulada.

—¿Qué sigue ahora, Omar? ¿Secuestrarme en casa?

—¡Jamás haría eso!

—¿No?

Ella sonrió con tristeza.

—Porque honestamente ya no sé qué esperar de ti.

Aquello lo golpeó. Más fuerte que cualquier insulto.

Porque era verdad. Ella ya no confiaba en él.

Y él mismo había destruido esa confianza.

Samyra bajó la mirada durante un instante.

Cuando volvió a levantarla, había lágrimas deslizándose por sus mejillas.

—Yo te salvé.

Omar sintió que el corazón se detenía.

—Samyra...

—Arriesgué mi vida por ti.

Su voz se quebró.

—Creí en ti.

Otra lágrima cayó.

—Y ahora me tratas como si fuera una prisionera.

Omar cerró los ojos. Aquellas palabras eran insoportables.

Porque una parte de él sabía que ella tenía razones para sentirse así.

Pero otra parte estaba aterrada. Aterrada de perderla.

—No eres una prisionera.

—¿Entonces qué soy?

Ella abrió los brazos.

—¿Qué soy, Omar?

El silencio se hizo pesado.

—No soy un canario para encerrarlo en una jaula.

—Nunca pensé eso.

—¿Entonces por qué no me dejas ir?

La pregunta lo dejó inmóvil. Porque la respuesta era sencilla. Y al mismo tiempo imposible de explicar.

“Porque te amo. Porque si te vas no volverás. Porque estoy aterrorizado”

Pero sabía que ella no le creería. Ya no.

—¿Por qué irte así? —preguntó finalmente.

Ella soltó una carcajada incrédula.

—¿De verdad preguntas eso?

—Sí.

—Porque ya era demasiado.

Aquellas palabras lo obligaron a mirarla.

—Llevo tanto tiempo viendo cómo priorizas a Nayla.

Omar cerró los ojos. Ahí estaba. El verdadero problema. Siempre había sido Nayla.

—Llevo demasiado tiempo escuchando promesas.

—Samyra...

—Llevo tanto esperando que me elijas.

Su voz se rompió.

—Y nunca lo hiciste.

Aquello lo dejó sin aire.

Porque sabía que desde fuera parecía exactamente eso.

Que él había elegido a Nayla. Una y otra vez. Aunque jamás hubiera sido así en su corazón.

—Sabes que no puedo abandonar a Nayla.

—Lo sé.

—Sabes lo que sufrió.

—Lo sé.

—Sabes que está sola.

—Lo sé.

Samyra sonrió. Pero aquella sonrisa estaba llena de dolor.

—Y yo también lo estuve.

Aquellas palabras lo destruyeron. Porque no tenía respuesta. Porque era verdad.

Durante tanto tiempo ella había estado sola. A su lado. Y él no lo había visto.

—Nunca la amé.

—No me importa.

—Samyra...

—Ya no me importa.

Omar sintió que algo se rompía dentro de él.

—La única mujer que amo eres tú.

Ella negó lentamente.

—No.

—Es la verdad.

—No.

—Te amo.

—No.

Cada negativa era más devastadora que la anterior.

—Puedes repetirlo mil veces.

—Porque es verdad.

Capítulo: Enfrentamiento a herida abierta 1

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