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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 58

Al día siguiente, Samyra despertó después de una noche casi en vela.

Había pasado horas mirando el techo de la habitación del hotel, pensando en Omar, en el examen, en la demanda y en aquella desesperada idea de escapar de Emiratos.

Por primera vez en su vida sentía que el tiempo corría en su contra.

El sonido del teléfono la sobresaltó.

Tomó el móvil rápidamente.

Al ver el nombre de Phillip en la pantalla, sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Phillip?

—Samyra, creo que encontré una posible solución.

Ella se incorporó de inmediato en la cama.

—¿En serio?

—No quiero hablar por teléfono. ¿Podemos vernos?

Samyra sintió una pequeña chispa de esperanza.

Después de tantos rechazos, tantos abogados negándose a ayudarla y tantas puertas cerradas, aquellas palabras fueron como una bocanada de aire.

—Claro.

—Hay una cafetería cerca de la marina. Te enviaré la ubicación.

—Estaré allí.

—Y Samyra...

—¿Sí?

—No hagas nada impulsivo hasta que hablemos.

Ella cerró los ojos.

—Lo intentaré.

La llamada terminó.

Por primera vez desde la discusión con Omar, sintió que tal vez existía una salida.

Se duchó rápidamente y se vistió.

Cuando salió del hotel, el calor de la mañana golpeó su rostro.

Avanzó apenas unos pasos cuando una camioneta negra se detuvo frente a ella.

Samyra se congeló.

La puerta se abrió.

Reconoció inmediatamente al hombre que descendió.

Era uno de los guardias de la familia Al-Sabah.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—Señora.

—¿Qué ocurre?

—La señora Al-Sabah desea verla.

Samyra sintió un mal presentimiento.

—¿La abuela?

—Sí.

—No puedo ahora.

—Me temo que sí puede.

El hombre mantuvo un tono respetuoso, pero firme.

—La señora me pidió que la llevara inmediatamente.

Samyra apretó los labios.

La anciana siempre había sido amable con ella.

Siempre.

Por respeto a aquella mujer, terminó asintiendo.

—Está bien.

Subió al vehículo.

Mientras avanzaban por las calles de Dubái, una sensación incómoda comenzó a instalarse en su pecho.

Algo no estaba bien. Algo había ocurrido.

***

En la mansión Al-Sabah, la atmósfera era completamente distinta.

La abuela estaba furiosa. Nunca se había sentido tan humillada.

Aquella mañana una vieja amiga la había llamado.

Al principio había sido una conversación normal.

Luego llegaron las preguntas. Preguntas incómodas.

Preguntas llenas de curiosidad disfrazada de preocupación.

¿Era cierto que la esposa de Omar había abandonado la casa?

¿Era cierto que existía una demanda por desobediencia?

¿Era cierto que la joven había huido?

La anciana había comprendido inmediatamente lo que significaba.

El escándalo ya era público.

Las mujeres de su generación hablaban.

Las familias importantes hablaban.

Toda su vida había construido una reputación basada en el honor y el respeto.

Y ahora todos sus esfuerzos parecían convertirse en motivo de murmuraciones.

Cuando Samyra apareció finalmente en la puerta del salón, la anciana levantó la mirada.

Sus ojos estaban llenos de furia. Samyra sintió un escalofrío. Jamás la había visto así.

—Abuela...

—¡No me llames así!

La voz resonó en toda la habitación.

Samyra se quedó inmóvil.

—¿Sabes lo que has hecho?

—Yo...

—¿Lo sabes?

Capítulo: Castigo ancestral 1

Capítulo: Castigo ancestral 2

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