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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 66

Samyra estaba a punto de abandonar el hospital, luego de despedirse de la jequesa, cuando una voz la detuvo.

—Señora Al-Sabah, ¿podemos hablar un momento?

Ella se volvió y encontró al director del hospital observándola con una amable sonrisa. A pocos pasos de distancia, la jequesa seguía acompañándola.

—Te veo mañana en mi fiesta —dijo la jequesa con una sonrisa cálida—. No faltes.

—Ahí estaré —respondió Samyra.

La mujer se despidió y continuó su camino.

Samyra observó cómo desaparecía por el pasillo antes de dirigir nuevamente su atención al director.

—Por aquí, por favor.

Intrigada, lo siguió hasta su oficina.

Una vez dentro, el hombre cerró la puerta y le indicó que tomara asiento. Samyra obedeció, preguntándose qué asunto tan importante quería tratar con ella.

El director abrió una carpeta sobre su escritorio.

—He estado revisando su expediente.

El corazón de Samyra se aceleró.

Por un instante temió que hubiera surgido algún problema con la demanda. Durante días había vivido con el temor constante de que cualquier avance en su carrera fuera destruido por una decisión legal.

Sin embargo, el hombre sonreía.

—Sus calificaciones fueron excelentes. Su experiencia en el área médica es impresionante y las referencias que hemos recibido hablan muy bien de usted.

Samyra permaneció en silencio.

Hacía mucho tiempo que nadie hablaba de ella como una profesional.

Durante tanto tiempo había sido una esposa.

Pero no una médica.

No la mujer que había pasado noches enteras estudiando anatomía.

No la joven que había sacrificado fiestas, amistades y horas de sueño para cumplir su sueño.

—Por eso quiero ofrecerle un puesto en nuestro hospital.

Samyra parpadeó.

—¿Un puesto?

—Sí. Como doctora del área de urgencias. Además, me gustaría que supervisara a nuestros médicos residentes. Creo que podrían aprender mucho de usted.

Durante unos segundos no pudo responder.

Simplemente lo miró.

Durante tanto tiempo había sentido que la medicina se alejaba de ella.

Como si su matrimonio hubiera levantado una barrera más entre ella y el futuro que había imaginado.

Y ahora, de repente, una puerta volvía a abrirse.

—¿Está hablando en serio? —preguntó con voz temblorosa.

El director sonrió.

—Completamente en serio.

Samyra sintió un nudo en la garganta.

Recordó a la joven que había recibido su título universitario.

Recordó las interminables guardias.

Los pacientes que había salvado. Los que había perdido.

Todo aquello que había amado.

Todo aquello que creyó que nunca recuperaría.

Durante un momento tuvo que bajar la mirada para contener las lágrimas.

—Acepto —dijo finalmente.

—Excelente.

El director le entregó varios documentos.

—¿Qué le parece comenzar el próximo lunes?

Samyra asintió inmediatamente.

—Me parece perfecto.

Firmó cada hoja con manos ligeramente temblorosas.

Cuando terminó, revisó cuidadosamente los documentos.

Todavía existía una parte de ella que temía encontrar algún obstáculo.

Alguna cláusula. Alguna restricción. Algo que le recordara que seguía atrapada.

Pero no encontró nada. La demanda había desaparecido. Ya no figuraba ningún impedimento.

Era libre para ejercer. Libre para volver a ser médica.

Una oleada de alivio la recorrió.

Por primera vez en mucho tiempo sintió que el futuro le pertenecía.

Apenas saliera del hospital comenzaría a preparar la guía para el examen de ingreso al posgrado.

Trabajaría durante dos meses.

Ahorraría dinero. Fortalecería su currículum.

Y después se marcharía. Para siempre.

***

Al salir del edificio, su teléfono comenzó a sonar.

Era Phillip.

—Hola.

—¡Samyra!

La preocupación en la voz del hombre era evidente.

—Estaba muy asustado. Me dijeron que algo había salido terriblemente mal. ¿Qué ocurrió?

Samyra caminó lentamente por el estacionamiento.

—Estoy bien.

—¿Segura?

—Sí.

Guardó silencio unos segundos.

—Mi esposo me descubrió. No pude escapar.

Del otro lado de la línea se hizo un silencio abrupto.

—Dios mío...

—Sí.

—Lo siento mucho.

Samyra observó el cielo.

Sorprendentemente, ya no sentía el pánico que la había dominado días atrás.

Capítulo: El primer paso 1

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