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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 70

La música de la fiesta continuaba sonando en los jardines del palacio.

Las risas. Las conversaciones. El tintinear de las tazas de té.

Todo seguía igual para el resto de los invitados.

Pero para Nayla, el mundo acababa de romperse.

Samyra aprovechó para marcharse sin ser vista.

Oculta tras una columna, había escuchado lo suficiente para comprender algo que la dejó inquieta.

Omar no estaba enamorado de Nayla. Nunca lo había estado durante este tiempo.

Y tampoco pensaba convertirla en una verdadera esposa.

Aquella revelación la había dejado confundida.

Sin embargo, decidió retirarse antes de ser descubierta.

Mientras tanto, Nayla permaneció frente a Omar.

Sus manos temblaban. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Lo observaba como si aún esperara un milagro.

Como si una parte de él fuera a cambiar de opinión.

Como si aquel hombre que había amado durante tantos años finalmente fuera a elegirla.

—No te amo, Nayla —dijo Omar con cansancio.

Aquellas palabras parecieron golpearla físicamente.

Ella cerró los ojos. Pero aun así insistió.

—Lo dices porque estás confundido.

—No.

—Lo dices porque Samyra te manipuló.

—Lo digo porque es verdad, te protejo porque lo prometí, porque me… siento culpable

—¿Culpable?

Omar guardó silencio. Y ese silencio fue suficiente.

Porque ambos sabían que la culpa había gobernado gran parte de su vida.

Nayla soltó una risa amarga.

—¿Ves? Siempre es la culpa.

Omar apartó la mirada.

—Esto no es por amor.

—Claro que no —respondió ella—. Es por tu promesa.

La voz de Nayla se quebró.

—Toda mi vida ha sido una promesa para ti.

Omar respiró profundamente. No quería lastimarla.

Pero tampoco podía seguir alimentando una ilusión.

—Lo nuestro terminó hace años.

—No.

—Sí.

—¡No!

La desesperación comenzaba a transformarse en rabia.

—Yo te amé, Nayla, pero eso es pasado.

—Lo sé.

Nayla sintió que el corazón se le rompía. Porque él respondía con compasión. No con amor.

Y la compasión era peor. Mucho peor.

—¿Entonces por qué no puedes volver a quererme, aunque sea un poco?

Omar cerró los ojos.

Durante unos segundos pareció buscar las palabras adecuadas.

—Porque dejé de quererte hace mucho tiempo.

El silencio cayó entre ellos.

Nayla sintió que las lágrimas volvían.

—¿Ni siquiera queda algo?

—No.

Aquella respuesta fue definitiva.

Cruel por su sinceridad. Pero definitiva.

Ella retrocedió.

—Mi madre te cuidó cuando estabas solo.

Omar levantó la cabeza.

—Lo sé.

—Te consoló cuando murieron tus padres por tu culpa, ella fue la que te cuidó cuando todos te culparon…

La expresión de Omar cambió de inmediato.

Aquella herida seguía abierta. Seguía sangrando. Y probablemente lo haría toda la vida.

Nayla lo vio. Y decidió atacar.

—Mi madre recogió los pedazos de un niño roto.

Omar apretó la mandíbula.

—Nayla...

—¿Y así le pagas?

La pregunta quedó suspendida entre ambos.

Por un momento, Omar volvió a verse a sí mismo siendo un niño.

El incidente que mató a sus padres, aquel tsunami, Los gritos. El vacío, él solo en lo alto de aquel edificio viéndolos arrastrados por el agua.

Y después la culpa. La culpa interminable de haber elegido ese destino.

Aquella voz dentro de él que repetía una y otra vez que había fallado.

Que había sobrevivido cuando no debía. Que otros habían pagado el precio, siempre pagaban por él.

Apretó los puños.

—Sé perfectamente lo que tu madre hizo por mí.

—Entonces cumple.

Capítulo: Golpear el punto débil 1

Capítulo: Golpear el punto débil 2

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