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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 72

La puerta se abrió y Omar entró, por un segundo miró al interior, confundido, apagó la luz, dudando de él mismo.

Salió al no ver a nadie.

En ese momento, Samyra salió de su escondite, y salió, viendo como Omar iba a otro pasillo, subió las escaleras, tan rápido como le era posible.

Samyra cerró la puerta de su habitación sin hacer ruido.

Apoyó la espalda contra la madera durante unos segundos, respirando con fuerza, como si acabara de escapar de algo más grande que una casa.

Sus manos temblaban. Pero no de miedo.

De tensión. De adrenalina.

Había funcionado. Todo.

Se llevó la mano al pecho y sintió los documentos aún escondidos bajo su ropa.

Seguían ahí. Reales.

Dio un paso atrás, luego otro, y avanzó hacia el armario.

No encendió todas las luces. Solo una lámpara tenue. Como si incluso la luz pudiera delatarla.

Con movimientos rápidos, sacó una pequeña caja metálica del fondo de su maleta.

Era antigua, desgastada, casi invisible entre la ropa.

La abrió. Dentro había un compartimento oculto.

Sus dedos se cerraron sobre la pulsera de metal que llevaba en la muñeca.

La abrió con cuidado. Dentro había una llave diminuta.

La insertó.

El compartimento se abrió.

Samyra dejó escapar el aire que no sabía que estaba reteniendo.

Colocó los documentos uno por uno.

Pasaporte. Visa. Acta de matrimonio. Todo.

Luego cerró el compartimento.

Lo volvió a guardar en la maleta.

Y por primera vez en semanas, sintió algo parecido a seguridad.

Se dejó caer en la cama.

El silencio de la habitación ya no le parecía opresivo.

Era libertad en pausa.

Tomó su teléfono. Dudó un segundo.

Luego escribió.

“Lamento la hora. Ya tengo los documentos. Todo está conmigo.”

Envió el mensaje.

No pasaron ni treinta segundos antes de la respuesta.

“Perfecto. Ahora solo mantente discreta. No hagas nada que despierte sospechas.”

Samyra sonrió apenas, era el mensaje de su abogada.

Una sonrisa pequeña. Casi triste.

Borró el chat. Borró el registro. Borró cualquier huella.

Y dejó el teléfono sobre la mesa.

Se quedó mirando el techo.

En dos meses. Solo dos meses. Y entonces sería libre, ahora se prepararía para el examen, trabajando duro juntando sus ahorros para irse pronto.

***

Mientras tanto, en otra parte de la villa, Omar estaba sentado en la sala principal.

Solo. La luz era baja.

El sonido del hielo golpeando el cristal era lo único que rompía el silencio.

Whisky.

No bebía casi nunca. No le gustaba. No debía.

Pero esa noche no era una noche normal.

Esa noche, su mente no le daba tregua.

Miró el vaso. Luego lo levantó. Y bebió.

El alcohol quemó su garganta.

No alivió nada.

Solo abrió la puerta. Y entonces llegaron los recuerdos.

No como pensamientos ordenados. Sino como imágenes rotas.

Caóticas. Dolorosas.

“El mar. El ruido de las olas El viento. Un niño gritando, era él mismo”

Omar apretó los ojos. No quería ver eso.

Capítulo: Tan mía, tan lejos. 1

Capítulo: Tan mía, tan lejos. 2

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