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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 73

La puerta de la habitación se abrió con un sonido leve, casi torpe.

Omar entró tambaleándose.

Sus pasos no eran firmes.

El alcohol en su sangre lo hacía moverse como si el mundo no estuviera completamente estable. Tenía las mejillas encendidas, la mirada brillante y desordenada, y una expresión que no era habitual en él.

No era ira. No era frialdad.

Era algo más peligroso. Desbordamiento.

Se detuvo un segundo en el umbral, como si la habitación misma lo obligara a respirar.

La vio. Samyra.

Dormía de lado, cubierta parcialmente por la sábana. La luz tenue de la lámpara dibujaba su silueta con suavidad.

O eso creyó él al principio.

Porque en cuanto la puerta se cerró, ella se movió.

Sus ojos se abrieron de golpe.

El corazón de Samyra reaccionó antes que su mente.

Se incorporó ligeramente, apretando la sábana contra su pecho.

—Omar… ¿qué haces aquí?

Su voz no era fuerte. Era tensa. Precavida.

Omar no respondió de inmediato.

La miraba como si llevara horas buscándola.

Como si por fin hubiera llegado a un lugar que no sabía cómo nombrar.

—No… no podía quedarme afuera —dijo al fin, con la voz baja, inestable—. Necesitaba verte.

Samyra sintió un frío en el estómago. No era la primera vez que lo veía alterado.

Pero sí era la primera vez que lo veía así. Sin control. Sin esa barrera que siempre lo contenía.

Ella se sentó más recta.

—Estás ebrio —dijo, no como pregunta, sino como afirmación.

Omar soltó una risa breve, vacía.

—Un poco.

Avanzó un paso. Luego otro.

Samyra se tensó de inmediato.

—Omar, no te acerques.

Él se detuvo. Pero solo por un segundo.

Sus ojos se quedaron fijos en ella.

Y en ese silencio, algo dentro de él comenzó a romperse.

—No puedo más —susurró.

Samyra frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

Omar apretó la mandíbula. Como si las palabras le pesaran más que el alcohol.

—De todo esto… de ti alejándote… de mí fallando… de esta culpa que no se va.

Su voz se quebró apenas. Pero se sostuvo.

—Te necesito en mi vida, Samyra.

El aire cambió. No fue un momento romántico.

Fue un momento peligroso. Porque la necesidad, en su estado, no era calma. Era urgencia.

Samyra bajó la sábana ligeramente, como si buscara distancia incluso en su propio espacio.

—Omar… no puedes venir aquí así.

Él dio otro paso. Esta vez más rápido.

Ella reaccionó instintivamente, retrocediendo sobre la cama.

—Te lo estoy pidiendo —dijo él, más fuerte—. No puedo seguir viviendo como si te fueras a ir en cualquier momento.

—Eso no te da derecho a…

No terminó la frase. Porque Omar llegó hasta el borde de la cama.

Y tomó su rostro con ambas manos. No fue violento. Pero sí inmediato.

Demasiado cercano. Demasiado intenso.

Samyra se quedó completamente inmóvil.

—Omar…

Su nombre salió como advertencia. Pero él no escuchaba del todo.

O sí escuchaba, pero su mente estaba demasiado llena de otra cosa. Culpa. Miedo. Pérdida.

Y amor, distorsionado por todo lo anterior.

La besó. El contacto fue abrupto.

Profundo. Desordenado. No fue suave. No fue lento. Fue una explosión emocional mal contenida.

Samyra abrió los ojos de inmediato, sorprendida, rígida. Intentó apartarlo.

—Omar, no…

Sus manos empujaron su pecho. Pero él no retrocedió de inmediato.

No porque no quisiera escucharla.

Sino porque su cuerpo reaccionaba más rápido que su mente.

Le tomó las manos con cuidado, sujetándolas. No con fuerza agresiva. Sino con desesperación.

Como si temiera que desapareciera.

Samyra sintió ese cambio. Y eso la confundió más que el beso.

—Para… —dijo ella, más firme ahora—. No estás bien.

Estas palabras lo atravesaron. Omar se quedó quieto.

Respirando fuerte. Su frente casi rozando la de ella.

Capítulo: Siento que te pierdo 1

Capítulo: Siento que te pierdo 2

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