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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 76

La abuela dio un paso adelante con una satisfacción evidente en el rostro.

—Querida Nayla… la familia Al-Sabah te otorga el lugar, el valor y el oro que mereces.

Su voz resonó en el salón como una sentencia.

Los invitados se removieron incómodos en sus asientos. Nadie disimulaba ya el impacto de lo que estaban presenciando. No era una celebración común. Era una decisión expuesta en público, sin matices, sin cuidado, sin consideración por la mujer que estaba siendo observada por todos.

Samyra sintió que ese brillo no era belleza. Era peso.

Una presión invisible sobre su pecho.

El orgullo no se rompía con ruido.

Se rompía así. En silencio.

Con una calma que dolía más que cualquier grito.

Le ardieron los ojos, pero no permitió que las lágrimas salieran.

No allí. No frente a ellos.

Entonces levantó la mirada.

Y sonrió. Una sonrisa suave.

A su alrededor, los murmullos comenzaron a crecer de nuevo.

—Delante de la primera esposa hacen esto…

—Dicen que no tiene familia que la defienda…

Cada frase era una pequeña herida.

Pero Samyra no se movió.

Había aprendido a sobrevivir en ese entorno sin perderse del todo. No siempre se trataba de resistir con fuerza. A veces se trataba de resistir sin romperse en público.

La abuela avanzó un paso más, satisfecha.

—Todos deben saberlo —dijo con voz firme—. Nuestra querida Samyra está de acuerdo con esta unión. Ella y Nayla serán como hermanas.

Hizo una pausa deliberada.

Luego fijó su mirada en ella.

—¿Verdad, Samyra?

El salón entero giró hacia ella. El silencio se volvió pesado.

Denso. Insoportable.

Samyra sintió el peso de todas las miradas sobre su cuerpo.

No era una pregunta. Era una trampa.

Cualquier respuesta era una pérdida.

Si aceptaba, se humillaba.

Si rechazaba, el conflicto estallaba.

Durante unos segundos, nadie respiró.

Entonces, lentamente, Samyra alzó el rostro.

Miró primero a la abuela. Luego a Nayla.

Y finalmente al shabka.

Y en ese instante entendió algo con una claridad dolorosa.

Ya no estaba siendo invitada a formar parte de nada.

Ya estaba siendo reemplazada.

Pero también entendió otra cosa. Que no iba a regalar su destrucción tan fácilmente.

—No estoy de acuerdo, abuela —dijo con calma.

Capítulo: Todo empezó contigo. 1

Capítulo: Todo empezó contigo. 2

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