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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 8

Samyra salió del salón tan rápido como pudo. Sus pasos eran torpes, apresurados, casi desesperados, pero nadie intentó detenerla. Nadie preguntó si estaba bien. Nadie siquiera la miró al marcharse.

Y aquello le dejó claro, una vez más, lo poco importante que era para los demás.

Cuando atravesó las puertas de cristal de la mansión Al-Sabah, el aire fresco de la noche golpeó suavemente su rostro. El calor sofocante del día finalmente se había disipado, y aun así, ella seguía sintiéndose incapaz de respirar.

Le dolía el pecho, el orgullo y el corazón.

Nunca imaginó escuchar a Omar romper aquella promesa.

La promesa que la hizo aceptar ese matrimonio.

“Jamás tomaré otra esposa.”

Todavía podía recordar el modo en que él sostuvo sus manos años atrás, la intensidad de su mirada, la seguridad en su voz cuando le aseguró que jamás la haría vivir el mismo infierno que vivió su madre.

Samyra bajó lentamente la mirada hacia la sortija en su dedo.

El oro brilló bajo las luces del jardín.

Sintió ganas de llorar.

Su padre le hizo prometer algo antes de morir.

“Si algún día te casas con un musulmán, nunca aceptes compartir a tu esposo.”

En aquel momento creyó que eran palabras nacidas del resentimiento y del dolor. Pero ahora entendía perfectamente de dónde venían.

Su madre sufrió demasiado.

Samyra recordó lo que su padre le contó sobre su madre a la que nunca conoció por morir en el parto; sobre las noches en que la escuchaba llorar en silencio, encerrada en su habitación, mientras fingía durante el día que todo estaba bien. Èl le contó de su primer matrimonio, y cómo la llegada de otra mujer destruyó lentamente la alegría de su madre hasta convertirla en alguien triste y vacío, víctima de violencia caótica que minó su alma.

Y ella juró que jamás viviría lo mismo.

Pero ahí estaba.

Exactamente en el mismo lugar.

—¡Samyra!

La voz femenina la obligó a volver a la realidad.

Se giró lentamente.

Nayla estaba frente a ella.

Sus ojos estaban rojos por el llanto y su rostro lucía pálido, angustiado. Parecía sinceramente afectada.

Nayla dio un paso hacia ella.

—Samyra… lo siento —susurró con la voz quebrada—. Nunca quise destruir tu matrimonio, te lo juro.

Samyra la observó en silencio.

Nayla bajó la mirada.

—Yo no regresé para esto… pero cuando Omar supo la verdad, me propuso ayudarme de esta manera. No es por amor, créeme. Él solo quiere salvarme.

Aquella palabra le atravesó el pecho.

Salvarla. Porque Omar siempre quiso salvar a Nayla.

Incluso antes de casarse con ella.

—Él no quiere lastimarte —continuó Nayla rápidamente—. Y yo tampoco.

Samyra sintió un nudo en la garganta.

Porque Nayla no parecía malvada.

No parecía una mujer cruel disfrutando de destruir un matrimonio.

Parecía vulnerable. Arrepentida. Y eso hacía todo mucho peor.

Porque si Nayla hubiera sido arrogante o despiadada, odiarla habría sido sencillo.

Respiró profundo antes de hablar.

—Nayla… entiendo lo que dices.

Los ojos de Nayla se llenaron de esperanza.

Pero Samyra negó suavemente con la cabeza.

—Esto no tiene nada que ver contigo.

Nayla pareció confundida.

—Tiene que ver conmigo y con Omar. Con una promesa entre nosotros. Con nuestro matrimonio.

Su voz salió más firme de lo que esperaba.

—Tú no eres el problema.

Y lo decía sinceramente.

Porque el verdadero problema era Omar.

Él fue quien decidió romper su palabra.

Él fue quien eligió ponerla en aquella situación humillante y quien no la amaba, no como Samyra anhelaba.

Samyra dio media vuelta, decidida a marcharse antes de derrumbarse frente a Nayla.

Pero otra voz la detuvo.

Una voz llena de desprecio.

—¡Samyra!

Su cuerpo se tensó inmediatamente.

Nassira caminó hacia ellas con los ojos llenos de furia.

Nunca la quiso.

Jamás intentó ocultarlo.

Capítulo: La duda en tu mirada 1

Capítulo: La duda en tu mirada 2

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