Nayla se acercó despacio a la cama donde Omar estaba sentado mientras una enfermera terminaba de vendarle el brazo.
El olor a antiséptico llenaba la habitación. El accidente no había sido grave, pero el golpe había sido suficiente para llevarlo al hospital y obligarlo a permanecer varias horas bajo observación.
Desde que había despertado, había esperado una sola cosa.
Ver a Samyra.
Por eso, cuando escuchó abrirse la puerta, había levantado la cabeza de inmediato.
Durante un instante, una esperanza casi infantil iluminó sus ojos.
Pero aquella ilusión se había apagado tan rápido como apareció.
Porque quien acababa de entrar no era Samyra.
Era Nayla.
Y desde entonces, una sensación incómoda no había dejado de crecer dentro de él.
—Omar... —susurró Nayla acercándose—. Sentí tanto miedo cuando me llamaron.
Tomó con delicadeza la mano que no estaba herida.
—Pensé que te había pasado algo terrible.
Omar bajó la mirada hacia las manos entrelazadas.
Normalmente aquel gesto le habría parecido natural.
Hoy no. Hoy se sentía extraño. Ajeno.
—Estoy bien —respondió con tranquilidad.
—Gracias a Dios.
Nayla sonrió, visiblemente aliviada.
—Cuando escuché la noticia salí de inmediato. Ni siquiera pensé en cambiarme de ropa.
Omar asintió.
—Gracias por venir.
La joven pareció aferrarse a esas palabras.
—Por supuesto que vine. Siempre vendré si me necesitas.
Omar no respondió.
Su mirada volvió involuntariamente hacia la puerta.
Nayla lo notó.
Y aunque intentó ignorarlo, una punzada de dolor atravesó su pecho.
Porque sabía perfectamente a quién estaba esperando.
No era a ella. Nunca había sido ella.
**
Minutos después, el médico entró con los resultados finales.
—Todo está bien, señor Al-Sabah. Puede marcharse. Solo deberá guardar reposo unos días y evitar esfuerzos innecesarios.
—Entendido.
El médico se retiró.
Nayla sonrió.
—Qué alivio.
Pero Omar apenas parecía escucharla.
Algo seguía rondando en su cabeza.
La llamada. La enfermera. Las palabras que había escuchado.
"Su esposa pidió que llamáramos a la señorita Nayla."
Aquello no dejaba de perseguirlo.
Porque Samyra no había ido. No había corrido a verlo.
No había llegado desesperada.
Y por primera vez, una pregunta comenzó a atormentarlo.
¿Qué pasaría si ella ya no lo amaba?
El pensamiento le provocó una sensación mucho más desagradable que el propio accidente.
****
Abandonaron la habitación y caminaron por el pasillo principal.
Nayla permanecía a su lado. Intentaba conversar. Intentaba hacerlo sonreír.
Pero Omar apenas respondía.
Su mente estaba demasiado lejos.
Entonces ocurrió. La vio.
Samyra acababa de entrar al hospital.
Vestía ropa sencilla. Llevaba el cabello recogido. Y parecía cansada. Muy cansada.
Pero estaba allí.
Por un instante, todo lo demás desapareció.
El ruido. Las personas. Incluso Nayla.
Todo dejó de importar.
Él corrió hacia Samyra.
—Samyra...
Ella levantó la vista.
Sus ojos se encontraron.
Y algo dentro de Omar se aflojó de inmediato.
Como si hubiera estado conteniendo la respiración durante horas.
—Viniste.
Había alivio en su voz. Demasiado alivio.
Samyra lo observó durante unos segundos.
Luego sonrió suavemente.
—¿Cómo te encuentras?
Omar levantó el brazo vendado.
—Estoy bien. Solo algunos golpes.
Ella asintió.
—Me alegra.
Y nada más.
Aquello desconcertó a Omar. Porque esperaba algo diferente.
Esperaba preocupación. Esperaba emoción. Esperaba algo.
Pero Samyra parecía tranquila. Demasiado tranquila.
—Pensé que vendrías tú.
Ella lo miró.
—Tuve algunas cosas importantes que hacer.
—¿Más importantes que esto? ¿Más importantes que yo?
La pregunta escapó antes de que pudiera detenerla.
Samyra guardó silencio un momento.
—Eran importantes para mí.
Omar sintió un extraño vacío.
No sabía exactamente por qué.
Pero aquellas palabras le hicieron comprender algo.
Antes, él siempre había sido la prioridad de Samyra.
Ahora ya no estaba tan seguro.
Nayla llegó hasta ellos. Su sonrisa era educada.
Pero sus ojos revelaban otra cosa.
—Me alegra que hayas venido, Samyra.
—Sí.
El silencio se volvió incómodo.
Entonces Omar volvió a preguntar:
—¿Por qué pediste que llamaran a Nayla?
Samyra bajó la mirada unos segundos.
—Porque dentro de poco ella será tu esposa también.
Las palabras golpearon a Omar con fuerza.
—Samyra...
—Es lógico que estuviera aquí.
—Ve a descansar, Omar.
—Samyra...
—Yo también estoy cansada.
Y dio la vuelta. Omar la observó subir las escaleras.
Sin correr. Sin apresurarse. Sin mirar atrás.
Como alguien que se alejaba poco a poco.
Y no sabía si volvería.
***
Dos horas después, Omar seguía sin poder dormir.
Finalmente tomó las llaves y salió de la mansión.
Necesitaba hablar con alguien. Necesitaba entender qué estaba pasando.
Un chófer lo llevó a donde Omar le pidió.
Anur abrió la puerta y casi se atragantó al verlo.
—¿Qué demonios te pasó?
—Accidente.
—¿Y vienes aquí en lugar de descansar?
—Necesito hablar.
Anur lo dejó entrar.
Poco después ambos estaban sentados en la terraza con una tetera entre ellos.
El viento nocturno era fresco.
Durante varios minutos, Omar permaneció en silencio.
Hasta que finalmente habló.
—Creo que estoy perdiendo a Samyra.
Anur dejó lentamente la taza sobre la mesa.
—Te tomó bastante tiempo darte cuenta.
Omar soltó una risa amarga.
—Lo sé.
—La pregunta es otra.
—¿Cuál?
—¿Qué piensas hacer?
Omar bajó la mirada.
Y por primera vez dijo en voz alta algo que había estado evitando durante meses.
—La amo.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Anur no pareció sorprendido.
—Ya era hora de que lo admitieras. Samyra nunca fue de mi agrado, pero, ella siempre estuvo ahí, para ti, sin condiciones.
Omar cerró los ojos.
Recordó a Samyra cuidándolo.
Esperándolo. Protegiéndolo. Sacrificando sueños por él.
Y luego recordó a la Samyra actual.
Aquella mujer que había llegado al hospital.
Serena. Educada. Distante.
Como si ya estuviera aprendiendo a vivir sin él.
—La amo —repitió en voz baja.
—Entonces deja de actuar como si amaras a otra.
El comentario cayó como un golpe.
Omar levantó la mirada.
Y por primera vez en mucho tiempo no tuvo una respuesta.
Porque quizá Anur acababa de señalar la verdad que llevaba demasiado tiempo intentando ignorar.
—Omar, si supieras que Nayla no es la mujer digna que dice ser, incluso por la promesa, ¿aun te casarías con ella?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...