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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 80

Nayla se acercó despacio a la cama donde Omar estaba sentado mientras una enfermera terminaba de vendarle el brazo.

El olor a antiséptico llenaba la habitación. El accidente no había sido grave, pero el golpe había sido suficiente para llevarlo al hospital y obligarlo a permanecer varias horas bajo observación.

Desde que había despertado, había esperado una sola cosa.

Ver a Samyra.

Por eso, cuando escuchó abrirse la puerta, había levantado la cabeza de inmediato.

Durante un instante, una esperanza casi infantil iluminó sus ojos.

Pero aquella ilusión se había apagado tan rápido como apareció.

Porque quien acababa de entrar no era Samyra.

Era Nayla.

Y desde entonces, una sensación incómoda no había dejado de crecer dentro de él.

—Omar... —susurró Nayla acercándose—. Sentí tanto miedo cuando me llamaron.

Tomó con delicadeza la mano que no estaba herida.

—Pensé que te había pasado algo terrible.

Omar bajó la mirada hacia las manos entrelazadas.

Normalmente aquel gesto le habría parecido natural.

Hoy no. Hoy se sentía extraño. Ajeno.

—Estoy bien —respondió con tranquilidad.

—Gracias a Dios.

Nayla sonrió, visiblemente aliviada.

—Cuando escuché la noticia salí de inmediato. Ni siquiera pensé en cambiarme de ropa.

Omar asintió.

—Gracias por venir.

La joven pareció aferrarse a esas palabras.

—Por supuesto que vine. Siempre vendré si me necesitas.

Omar no respondió.

Su mirada volvió involuntariamente hacia la puerta.

Nayla lo notó.

Y aunque intentó ignorarlo, una punzada de dolor atravesó su pecho.

Porque sabía perfectamente a quién estaba esperando.

No era a ella. Nunca había sido ella.

**

Minutos después, el médico entró con los resultados finales.

—Todo está bien, señor Al-Sabah. Puede marcharse. Solo deberá guardar reposo unos días y evitar esfuerzos innecesarios.

—Entendido.

El médico se retiró.

Nayla sonrió.

—Qué alivio.

Pero Omar apenas parecía escucharla.

Algo seguía rondando en su cabeza.

La llamada. La enfermera. Las palabras que había escuchado.

"Su esposa pidió que llamáramos a la señorita Nayla."

Aquello no dejaba de perseguirlo.

Porque Samyra no había ido. No había corrido a verlo.

No había llegado desesperada.

Y por primera vez, una pregunta comenzó a atormentarlo.

¿Qué pasaría si ella ya no lo amaba?

El pensamiento le provocó una sensación mucho más desagradable que el propio accidente.

****

Abandonaron la habitación y caminaron por el pasillo principal.

Nayla permanecía a su lado. Intentaba conversar. Intentaba hacerlo sonreír.

Pero Omar apenas respondía.

Su mente estaba demasiado lejos.

Entonces ocurrió. La vio.

Samyra acababa de entrar al hospital.

Vestía ropa sencilla. Llevaba el cabello recogido. Y parecía cansada. Muy cansada.

Pero estaba allí.

Por un instante, todo lo demás desapareció.

El ruido. Las personas. Incluso Nayla.

Todo dejó de importar.

Él corrió hacia Samyra.

—Samyra...

Ella levantó la vista.

Sus ojos se encontraron.

Y algo dentro de Omar se aflojó de inmediato.

Como si hubiera estado conteniendo la respiración durante horas.

—Viniste.

Había alivio en su voz. Demasiado alivio.

Samyra lo observó durante unos segundos.

Luego sonrió suavemente.

—¿Cómo te encuentras?

Omar levantó el brazo vendado.

—Estoy bien. Solo algunos golpes.

Ella asintió.

—Me alegra.

Y nada más.

Aquello desconcertó a Omar. Porque esperaba algo diferente.

Esperaba preocupación. Esperaba emoción. Esperaba algo.

Pero Samyra parecía tranquila. Demasiado tranquila.

—Pensé que vendrías tú.

Ella lo miró.

—Tuve algunas cosas importantes que hacer.

—¿Más importantes que esto? ¿Más importantes que yo?

La pregunta escapó antes de que pudiera detenerla.

Samyra guardó silencio un momento.

—Eran importantes para mí.

Omar sintió un extraño vacío.

No sabía exactamente por qué.

Pero aquellas palabras le hicieron comprender algo.

Antes, él siempre había sido la prioridad de Samyra.

Ahora ya no estaba tan seguro.

Nayla llegó hasta ellos. Su sonrisa era educada.

Pero sus ojos revelaban otra cosa.

—Me alegra que hayas venido, Samyra.

—Sí.

El silencio se volvió incómodo.

Entonces Omar volvió a preguntar:

—¿Por qué pediste que llamaran a Nayla?

Samyra bajó la mirada unos segundos.

—Porque dentro de poco ella será tu esposa también.

Las palabras golpearon a Omar con fuerza.

—Samyra...

—Es lógico que estuviera aquí.

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