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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 81

—Anur, ¿de qué estás hablando? —preguntó Omar con el ceño fruncido—. ¿Sabes algo que yo no sé?

Anur guardó silencio.

Durante unos segundos se limitó a observar el vapor que salía de la taza de té entre sus manos.

Parecía debatirse entre hablar o callar.

Finalmente soltó un largo suspiro.

—No.

Omar relajó ligeramente los hombros.

Pero Anur continuó.

—Lo que sí sé es cómo se siente perder a la mujer que amas.

Aquellas palabras hicieron que el ambiente se volviera pesado.

Anur bajó la mirada.

—Tú conoces mi historia mejor que nadie. Sabes lo que pasó con Ayla.

Omar asintió. Claro que lo sabía.

Había estado allí cuando Anur se enamoró. Había estado allí cuando la perdió.

Y también cuando fingió durante años que ya la había olvidado.

—El otro día la vi —continuó Anur con una sonrisa amarga—. Estaba con el jeque Hamdan.

Su voz se quebró apenas.

—Y comprendí algo horrible. Nunca la olvidé.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

—Pensé que el tiempo lo curaba todo —rio con amargura—. Qué tontería.

Anur apoyó la taza sobre la mesa.

—Solo aprendí a vivir sin ella.

Omar sintió una punzada de lástima. Su amigo siempre parecía fuerte.

Pero en aquel instante parecía un hombre agotado.

—Anur...

—Perderla fue mi culpa.

La frase salió firme. Sin excusas. Sin justificaciones.

—Ella me amaba y yo estaba demasiado ocupado creyendo que tendría una segunda oportunidad.

Omar desvió la mirada.

Aquellas palabras empezaban a incomodarlo.

—No quiero que te ocurra lo mismo.

Omar suspiró.

—No entiendes.

—¿No?

—No es igual.

Anur arqueó una ceja.

—¿Por qué?

—Porque yo no he traicionado a Samyra.

La respuesta salió inmediata. Casi defensiva.

—Nunca he besado a otra mujer.

Anur no respondió.

—Nunca he tocado a otra mujer desde que ella es mi esposa.

Otra vez silencio. Y fue entonces cuando algo golpeó la mente de Omar. Con fuerza.

Una verdad que nunca había querido mirar.

“Nunca he tocado a otra mujer. Pero tampoco a ella”

El pensamiento apareció de repente.

Cruel. Incómodo. Imposible de ignorar.

Recordó las noches en que Samyra había esperado por él.

Las veces que ella intentó acercarse. Las ocasiones en que él eligió el trabajo. Las promesas rotas.

Todo menos a ella.

Sintió un peso extraño en el pecho.

Por primera vez se preguntó cuánto daño había causado sin darse cuenta.

—Yo... amo a Samyra —murmuró.

Anur lo observó detenidamente.

—Lo sé. Entonces deja de actuar como si fuera inmortal.

Omar levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Porque eso es exactamente lo que estás haciendo.

La voz de Anur sonó más dura.

—Hablas de ella como si fuera a quedarse contigo pase lo que pase.

Omar frunció el ceño.

—Porque me ama.

—Ayla también me amaba.

Aquella respuesta cayó como una piedra.

Anur se puso de pie.

—Y aun así se fue.

Omar guardó silencio.

Capítulo: Como mirar un espejo 1

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