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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 83

Samyra abrió los ojos lentamente.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, atrapada entre el sueño y la realidad.

La habitación estaba oscura. Apenas una tenue luz proveniente del pasillo iluminaba las sombras.

Entonces sintió algo. Un brazo rodeando su cintura.

Su corazón dio un vuelco.

Giró la cabeza de inmediato.

Y se encontró con Omar. Sus ojos chocaron con los de él.

Estaba despierto. Observándola.

Como si llevara mucho tiempo haciéndolo.

—¿Omar? —susurró, sobresaltada—. ¿Qué haces aquí?

Antes de que pudiera apartarse, él se inclinó hacia ella.

Sus labios rozaron los suyos. No fue un beso apasionado.

No hubo urgencia física. Fue algo mucho más doloroso.

Un beso triste. Desesperado. Un beso que parecía nacido del miedo.

Como si Omar intentara aferrarse a algo que sentía escapar de sus manos.

Samyra apartó el rostro.

El beso terminó apenas había comenzado.

Pero Omar no se alejó. Sus labios rozaron su mejilla. Su frente. La comisura de su ojo.

Después descendieron hasta su cuello.

Samyra cerró los ojos con fuerza.

Podía sentir el calor de su cuerpo.

El aroma familiar que durante tanto tiempo había asociado con el hogar.

Y eso era precisamente lo que más daño le hacía. Porque ya no sabía si aquel hogar existía.

—No hagas esto, Omar.

Su voz salió más débil de lo que quería.

—No sé qué intentas demostrar.

Él levantó la mirada. Había dolor en sus ojos. Dolor real.

—No intento demostrar nada.

—Sí lo haces.

—Samyra...

—Nunca me deseaste.

La frase quedó suspendida entre ambos.

Omar pareció recibir un golpe.

—No digas eso.

—Es verdad.

Ella tragó saliva.

—Llevo demasiado tiempo intentando convencerme de que no lo era.

Omar negó inmediatamente.

—Te deseo.

—No.

Samyra sonrió con tristeza.

—Ya no tienes que mentirme.

—No estoy mintiendo.

—Entonces es demasiado tarde.

El silencio cayó entre ellos.

Pesado. Incómodo. Doloroso.

—Déjame probarlo —murmuró él.

Samyra cerró los ojos.

Y aquello le rompió un poco más el corazón.

Porque durante tanto tiempo había deseado escuchar esas palabras.

Pero ahora ya no las necesitaba.

—No.

Omar se quedó inmóvil.

—Ya no necesito que me pruebes nada.

La voz de Samyra fue suave.

Sin rabia. Sin reproches. Y quizá por eso dolió más.

—Además estás herido.

Necesitas descansar.

Y yo también. Por favor. Déjame dormir.

Durante unos segundos Omar no respondió.

Luego, lentamente, la rodeó con los brazos.

Como si temiera que desapareciera.

—Entonces duerme.

Samyra abrió los ojos.

—¿Qué?

Capítulo: Aferrándose a ella 1

Capítulo: Aferrándose a ella 2

Capítulo: Aferrándose a ella 3

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