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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 84

Samyra salió al balcón sin pensarlo demasiado.

Cerró la puerta tras de sí, buscando silencio, un espacio donde su voz no pudiera ser escuchada desde el interior. El aire de la tarde le golpeó el rostro con suavidad, pero no logró calmar el nudo que tenía en el pecho.

Marcó el número con manos ligeramente temblorosas.

—Hola —dijo apenas la línea se conectó.

—Samyra.

Reconoció la voz de inmediato. El profesor Aníbal Duncan.

Ella bajó la mirada un instante, reuniendo valor.

—Profesor… yo… mi nombre no está en la lista.

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea. No fue incómodo, pero sí lo suficientemente largo como para aumentar su ansiedad.

—Samyra —respondió él finalmente—, tienes que venir a verme.

Su corazón dio un salto.

—¿Es… es algo malo?

—Todo lo contrario. Es importante. Hay algo que debes saber en persona. No lo discutas por teléfono.

La incertidumbre la atravesó por completo.

—Entiendo… voy ahora mismo.

Colgó la llamada con el pulso acelerado.

Por unos segundos, se quedó quieta, mirando el cielo sin realmente verlo. No estaba en la lista.

Ese pensamiento seguía golpeándola. Sin embargo, la forma en que el profesor había hablado no sonaba a rechazo. Sonaba a algo más grande. Algo extraño.

Respiró hondo y volvió al interior.

***

Omar estaba allí.

Apoyado cerca de la pared, observándola en silencio.

—Samyra… —dijo apenas.

Ella se detuvo un segundo, pero no dejó que su expresión cambiara.

—¿Qué escuchaste?

Él negó lentamente.

—Nada. Solo te vi salir.

Su respuesta la tranquilizó apenas.

—Era trabajo —dijo ella con rapidez—. Nada importante.

Omar la miró fijamente, como si intentara leer algo más allá de sus palabras. Pero no insistió.

—Estás sangrando —dijo Samyra, en cambio, señalando su brazo.

Él bajó la vista. Era un pequeño corte, probablemente de ayer, sin darse cuenta.

—No es nada.

Omar no respondió. Solo señaló el botiquín con la mirada.

Ella lo tomó sin decir más.

Mientras le limpiaba la herida, el silencio entre ambos era espeso, cargado de cosas no dichas. Omar la observaba como si intentara acercarse emocionalmente, pero no encontraba la forma.

—Pasado mañana es el aniversario de mi hermana y Mohamed —dijo de pronto—. Quiero que vengas conmigo.

Samyra dudó.

—No debería.

—Por favor —insistió él—. No ofenderá. Te lo prometo. Si lo hace, se la verá conmigo.

Ella lo miró un instante más largo de lo necesario.

Al final, asintió.

—Está bien.

Pero no sonó como una aceptación feliz. Sonó como una decisión distante.

***

Más tarde, Samyra salió nuevamente.

Esta vez no era Omar quien ocupaba su mente. Era la llamada. Era la lista. Era el vacío de su nombre ausente.

Se encontró con Aníbal Duncan en una cafetería cercana al hospital.

En cuanto él la vio, se levantó con una sonrisa genuina.

—Samyra —dijo mientras la abrazaba con orgullo—. Lo lograste.

Ella parpadeó confundida.

—¿Cómo que lo logré? Profesor, mi nombre no está en la lista.

Aníbal soltó una leve risa, como si esa confusión fuera esperada.

—Eso es porque la lista que viste no era completa.

Capítulo: Un boleto sin regreso 1

Capítulo: Un boleto sin regreso 2

Capítulo: Un boleto sin regreso 3

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