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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 93

Omar se quedó inmóvil.

Las palabras de Samyra seguían resonando dentro de su cabeza.

—Pero no cambia el hecho de que te casarás con una segunda esposa, ¿o no te casarás?

Quiso responder.

Quiso decir que no.

Quiso decir que cancelaría todo, que rompería la promesa, que la elegiría a ella por encima de cualquiera.

Pero ninguna palabra salió de su boca.

Porque la verdad era cruel.

Y la verdad era que no estaba seguro de poder hacerlo.

Había una promesa. Una deuda.

Una responsabilidad que lo perseguía desde hacía años.

Y por primera vez en su vida, Omar descubrió que el silencio podía ser más cobarde que una mentira.

Samyra lo observó.

Esperó. Durante un segundo.

Esperó esa respuesta que podría cambiarlo todo.

Pero nunca llegó.

Entonces sonrió. No era una sonrisa feliz. Ni siquiera amarga.

Era la sonrisa de alguien que acababa de confirmar aquello que ya sabía.

Aquello que llevaba demasiado tiempo negándose a aceptar.

—Lo entiendo —susurró.

Omar sintió que algo se rompía dentro de él.

—Samyra...

Ella negó con suavidad.

—No hace falta decir nada.

Y salió de la habitación.

La puerta se cerró. El sonido fue suave.

Pero para Omar se sintió como un golpe seco en el pecho.

***

Una hora después.

Omar seguía sentado en la oficina privada del hotel.

No había podido quitarse la sensación de derrota que lo perseguía desde que Samyra se marchó.

Necesitaba respuestas.

Necesitaba entender qué había ocurrido realmente la noche anterior.

Porque algo no encajaba.

Algo estaba mal.

Demasiadas coincidencias.

Demasiadas personas involucradas.

Demasiados comportamientos sospechosos.

El gerente entró acompañado por el encargado de seguridad.

—Señor Al-Sabah, hemos revisado todas las cámaras.

Omar levantó la mirada.

—Muéstrenmelas.

Durante varios minutos observó las grabaciones.

Su expresión se volvió más oscura con cada imagen.

Vio a Mohamed. Vio a Nassira.

Vio movimientos sospechosos. Vio a Nayla acercándose a la habitación.

Y finalmente comprendió.

Cuando el video terminó, el silencio se volvió pesado.

El gerente tragó saliva.

—Señor... creemos que fue una acción planeada.

Omar apretó los puños.

—¿Por quién?

—Por su hermana Nassira y el señor Mohamed.

La mandíbula de Omar se tensó. La ira recorrió todo su cuerpo.

No era una sospecha.

Era una certeza.

Habían intentado manipularlo. Habían intentado utilizarlo.

Y peor aún.

Habían intentado destruir definitivamente cualquier posibilidad entre él y Samyra.

—Quiero una copia de todos los videos.

—Por supuesto, señor.

—Todos.

—Sí, señor.

Omar tomó el teléfono.

Su expresión se volvió peligrosa. Muy peligrosa.

Porque por primera vez sentía que alguien había cruzado un límite que no estaba dispuesto a perdonar.

***

Aquella misma tarde recibió una llamada de los abuelos.

No era una invitación.

Era una orden. Y Omar lo sabía.

Cuando llegó a la residencia familiar comprendió inmediatamente que algo importante estaba ocurriendo.

En el salón principal estaban reunidos:

los abuelos, el padre de Nayla, y la propia Nayla.

Todos parecían esperarlo.

Todos menos él. Sobre la mesa reposaba un documento.

El acuerdo prenupcial.

Capítulo: ¿Qué quieres de mí? 1

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