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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1044

—Mejor no —decidió Elías finalmente.

Luego añadió:

—Dile a Vicente que ahorita no tengo energía para hablar con Jimena.

Su estado mental no era el mejor, y Jimena tampoco era alguien a quien necesitara ver con urgencia. Por el momento prefería no verla; ya habría tiempo de hablar cuando se recuperara y volviera a casa.

Su abuela asintió y le dijo a Vicente, que seguía en la línea:

—Dile a Jimena que tu hermano no puede recibirla. Que se regrese.

Luego, colgó, dejó el celular en el buró de Elías y le dijo:

—Descansa. No pienses en nada más. Recuperarte es lo más importante ahorita.

»Por más que tengas mil cosas en la cabeza, necesitas estar sano para poder hacer todo lo que quieres.

Elías la miró. Aunque ya era mayor, se conservaba muy bien y apenas aparentaba unos sesenta o setenta años. Sin embargo, con todo lo que había pasado por su culpa, de repente se veía mucho más cansada y envejecida.

Se sintió como el peor de los nietos por causarle tanta angustia.

Si tan solo hubiera escuchado sus consejos desde el principio, no habría terminado en esa situación.

Había perdido tanto a Jimena como a Isabela.

Cuando Rodrigo se le declaró a Jimena, él ni siquiera intentó competir por ella. En el fondo, él mismo había decidido dejarla ir, pero luego, cuando ella ya se había casado, se aferró a su recuerdo. Y lo peor de todo, terminó lastimando a una mujer inocente por culpa de esa obsesión.

De no haber sido por él, Isabela no habría muerto.

Al menos, la Isabela de su sueño.

»Mientras estés vivo y a salvo, te perdono cualquier error que hayas cometido. Lo único que me importa es que sigas aquí.

»Ya no le des más vueltas a lo que ganaste o perdiste. Lo hecho, hecho está y hay que ver pa' delante. Sí, le fallaste a Isa, pero ya le pediste perdón y trataste de compensarla. Si ella lo aceptó, es porque ya no quiere problemas contigo.

»Lo pasado, pasado. Que ahora no te ame ni te odie es el mejor final que podían tener. Cuando estés al cien, vuelves a empezar. Yo me encargaré de presentarte a unas muchachas buenas.

Elías soltó una sonrisa amarga.

—Ay, abuela. Ahorita no tengo cabeza para empezar otra relación. Por un buen rato no quiero saber nada de eso. Y sobre Isabela... de verdad espero que sea feliz con Álvaro.

»Pero eso no quita que siga pendiente de ella. No lo haré frente a sus narices, sino desde lejos. Hasta que la vea casada con Álvaro y con hijos. Solo cuando me quede claro que de plano no tengo ninguna oportunidad, entonces dejaré de cuidarla para que él se encargue.

Si volvería a enamorarse algún día, era un misterio.

La culpa y todo lo que sentía por Isabela eran un peso que no sabía cuánto tiempo tardaría en soltar.

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