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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1075

Isabela hizo una pausa.

Había llamado para preguntarle a Elías sobre el sueño. Quería saber si él había visto a Ulises Peña y averiguar exactamente quién era ese hombre.

¿Por qué Ulises Peña había aparecido en Nuevo Horizonte y con qué intenciones?

Sin embargo, al escuchar la voz débil y sin aire de Elías, sumado a lo que la abuela acababa de decir sobre su estado crítico, Isabela sintió dudas y ya no sabía si era prudente interrogarlo.

—Isabela, ¿quieres decirme algo? —le preguntó Elías suavemente—. Si hay algo que quieras decir, hazlo. Ahora mismo en la habitación solo estamos mi abuela y yo.

—Mejor esperamos a que estés un poco más recuperado.

—¿Quieres preguntar sobre Ulises Peña?

Elías se adelantó a adivinar.

Le había pedido a su abuela que le advirtiera a Isabela que tuviera cuidado con ese hombre, pero nunca le explicó por qué.

Su cuerpo estaba tan frágil que no tenía aliento para sostener largas explicaciones en ese momento, por lo que asumió que si Isabela preguntaba hasta ahora, era porque creía que él ya estaba mejor.

—Sí.

Isabela asintió, reconociendo que había marcado justo para averiguar quién diablos era Ulises Peña.

—Pertenece al bajo mundo y tiene a mucha gente trabajando bajo sus órdenes. El Cicatrices es uno de sus hombres. En mi sueño, fui yo quien acabó con él. Me dediqué a investigar, recolecté todas las pruebas sobre los crímenes de su organización y las entregué directamente a la policía.

—Y luego, fue condenado a muerte.

Justo al terminar la oración, Elías se quedó sin aire de nuevo. La abuela le retiró rápidamente el teléfono, le ayudó a recuperar la respiración frotándole suavemente el pecho y le hizo beber un poco de agua fresca hasta que finalmente logró calmarse un poco.

Fue entonces cuando la abuela volvió a poner la bocina en su oído y le dijo a Isabela:

—Isa, mejor vuelve a llamarlo en unos días, cuando se haya recuperado un poco más. Cuando tenga más fuerza, podrá responder a todo lo que necesites.

Desde el momento en que él se había despertado de aquel coma y la contactó, Isabela sintió la certeza de que, en esa otra vida, él realmente había vengado su muerte.

Pero, ¿cómo era posible? Él amaba tanto a Jimena que, a lo largo de los años, terminó haciendo cosas que la lastimaron profundamente con tal de proteger a su querida amiga. Él solía ser un hombre razonable, pero en cuanto el tema giraba alrededor de Jimena, la cordura lo abandonaba por completo.

Perdía toda la razón y se dedicaba a mimarla descaradamente, tolerando sin chistar cualquier desplante o locura que a Jimena se le ocurriera.

Siempre que ella y Jimena tenían algún roce, aunque en el fondo sabía que Jimena era la provocadora, elegía deliberadamente ponerse de lado de ella. Jamás le daba a ella el beneficio de la duda.

Saber que un hombre así había llegado hasta las últimas consecuencias para vengar su asesinato y llevar a la verdadera asesina frente a la justicia... vaya, debió de ser un golpe brutal para el Elías de aquella otra vida.

Isabela guardó su celular, pero en el fondo, Elías seguía deseando poder conversar otro ratito. Fue una lástima que ella ya hubiera colgado la llamada.

Quiso devolver la llamada, pero su abuela lo frenó.

—Eli, sigues muy débil. Tus heridas son críticas y perdiste demasiada sangre. Concéntrate en sanar tu cuerpo primero, todo lo demás puede esperar.

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