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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1086

Álvaro la rodeó con su brazo por los hombros para evitar que se alejara, y enseguida buscó sus labios para fundirse en un beso profundo.

Al separarse, la miró con ojos rebosantes de pura ternura, le acarició la mejilla con la mano derecha y, con voz cargada de sentimiento, murmuró:

—¡Saldremos ganando juntos, Isabela!

¡La amaba con toda su alma!

Ella asintió, apartándolo con delicadeza. Se acomodó en el asiento e intentó disimular su agitación diciendo:

—Llevame a casa, mañana tendré que molestarte de nuevo para que me recojas temprano.

—El placer es todo mío; ojalá pudiera llevarte y traerte del trabajo todos los días de mi vida.

—Pero tienes demasiadas cosas qué hacer.

—Nada será nunca más importante que tú. Escúchalo bien, Isabela, en mi corazón vales muchísimo más que cualquier negocio.

Isabela sonrió encantada.

—Gracias, Álvaro. Gracias por ponerme por encima de tus empresas. Sé que para los hombres su carrera y su futuro siempre son lo primordial.

Que él la pusiera por encima de sus negocios la conmovió profundamente.

Aunque se preguntaba cuánto tiempo podría mantener esa promesa, en el fondo rogaba que fuera hasta el final de sus días.

Después de todo, era el único hombre con el que visualizaba toda una vida tras su renacer.

—Soy yo el que debe darte las gracias por darme la oportunidad de amarte, protegerte y consentirte como te mereces.

Sin poder resistirse, Álvaro se inclinó para robarle un beso furtivo en la mejilla antes de abrocharse el cinturón y arrancar rumbo a su casa.

Él también tenía una propiedad en ese fraccionamiento y, desde que había caído rendido a sus pies, prácticamente se había mudado ahí. Antes de poder declarársele, se conformaba con cruzársela de vez en cuando; aquellos fugaces encuentros eran suficientes para hacerle el día.

Y ni qué decir ahora; llevaba una eternidad sin pisar la antigua mansión de la familia Morales.

Tras dejar a Isabela en la puerta, como era costumbre, la tía lo invitó a cenar. Cenó con ellos, platicó un buen rato y finalmente se despidió.

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