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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1109

Olivia, con la mano en la mejilla enrojecida, se volvió hacia su hermana con los ojos llorosos:

—¡Hermana, me pegó! Y yo ni siquiera estoy en su casa, estoy en la casa tuya y de mi cuñado.

Luego, miró a Jimena con desprecio.

—¡Jimena, tú no eres la dueña de la casa! No olvides que mi hermana es la señora de la casa ahora. ¡La que está viviendo aquí de prestado eres tú!

»Si no me soportas, lárgate a vivir a tu propia casa.

Olivia sabía muy bien que Jimena tenía una dote impresionante: varios apartamentos de lujo, un par de mansiones, locales comerciales alquilados y una colección interminable de artículos de diseñador.

Se moría de la envidia.

Realmente, la pobreza limitaba su imaginación.

—¿Y por qué tendría que irme? Me casé y entré a la familia Méndez, soy la nuera de esta casa, este es mi hogar. Tú solo eres una intrusa. Llevas aquí un buen rato de arrimada, metiéndote en mi matrimonio, hace rato que no te soporto.

»Nuria, más te vale que le digas que empaque sus cosas, no me obligues a sacarla yo misma. Esto no es un hotel de paso para que cualquier recogida venga a meterse. Y otra cosa, ¡ni se te ocurra traer a tus parientes muertos de hambre a hospedarse aquí!

Nuria esperó a que Jimena terminara de despotricar para responder:

—Jimena, te estás pasando de la raya. Si vas a golpear al perro, al menos respeta a su dueño. Olivia es mi hermana. Yo la invité a quedarse, y mi esposo estuvo de acuerdo.

»Le pegaste en mi propia cara. Si así la tratas cuando estoy yo, no me quiero imaginar lo que le haces a sus espaldas. Cuando lleguen tus consuegros para la boda, me va a encantar preguntarles cómo es que educaron a su hija.

Nuria no tenía ninguna intención de irse a las manos con Jimena en ese momento. Estaba a punto de ser la novia; ¿qué pasaría si Jimena le arañaba la cara?

La actitud prepotente de Jimena esa noche tenía un propósito claro: provocarla para que terminaran peleando como de costumbre.

—¡Vieja zorra! ¡Amante de quinta! No eres más que una cualquiera, una trepadora que no vale nada, igual que toda tu asquerosa familia. Son unos igualados que no saben cuál es su lugar.

»Te lo advierto, en la familia Méndez tú no tienes voz ni voto. No creas que por calentarle la cama a Lorenzo vas a hacer lo que se te dé la gana.

El rostro de Nuria se oscureció de pura rabia. Se puso de pie de un salto y levantó la mano, lista para darle a Jimena lo suyo.

Jimena soltó una carcajada burlona.

—¡Uy! ¿Me vas a pegar? ¡Ven, ven, dale! Pega justo aquí, dale bien fuerte. A ver si me dejas la cara bien hinchada para que el día de la boda todos los invitados vean cómo tratas a la esposa de tu hijastro.

»¡La familia Castillo no te lo va a perdonar! Muy bonito que le hayas dado un hijo a mi suegro, pero ¿qué le aportas tú al Grupo Méndez? Porque, al final, aquí todo es negocios...

Jimena dejó la frase en el aire, sabiendo que Nuria entendería el mensaje perfectamente.

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