—¿Por qué voy a pedir perdón? ¿Qué hice mal? Álvaro, ¿acaso se acabaron las mujeres en Nuevo Horizonte? Me desprecias a mí, que soy joven, guapa y de buena familia, ¿por una divorciada como Isabela?
—¿Acaso las mujeres usadas tienen más sabor? ¿Es porque en la cama es más facilota y te deja...?
¡Zas!
La bofetada resonó en el local, cortando de tajo las palabras de Valentina.
Fue Isabela. Ya se había levantado y, tras el golpe, se sacudió la mano.
—Me dolió la mano de lo dura que tienes la cara —dijo con calma.
Valentina se llevó la mano a la mejilla, incrédula.
—Isabela... ¡te atreviste a pegarme!
—¡Y te lo mereces!
Isabela la miró con frialdad.
—Señorita Valentina, sé que le gusta Álvaro y me ve como rival. Si quiere competir, adelante, pero no voy a tolerar sus insultos.
—Estoy divorciada, sí, pero mi relación con Álvaro es decente. Si vuelve a inventar chismes o a decir estupideces, le voy a romper la boca cada vez que la escuche.
—Que Álvaro me prefiera es su decisión, y eso solo demuestra que soy lo bastante mujer como para opacar incluso a una niña rica como usted.
Isabela sabía defenderse sola.
—¡Bah! Solo sabes echarte flores. ¿Qué tienes de especial? ¿Crees que tu negocito va bien por tu talento?
Valentina gritó furiosa:

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