—Son de los que les das la mano y te agarran la pata. En su momento, aprovechando que eran muchos y que tus abuelos los favorecían, lograron adueñarse del patrimonio que dejó tu padre. Seguro ahora quieren repetir la misma historia.
—Si abres una sola brecha, ya no podrás detenerlos. Y bajo ninguna circunstancia debes dejar que entren a trabajar en tu empresa; si lo hacen, formarán su grupito y al final terminarán haciéndote a un lado, quitándote el poder a ti, la dueña.
—Además, la empresa no es solo tuya. Si se atreven a venir a hacer un escándalo, Caro y la señorita Rivas no se van a quedar de brazos cruzados. Especialmente Melina Rivas, ella tiene muchísimo poder en esta ciudad, nadie se mete con ella.
Isabela le dio la razón:
—Por supuesto que no voy a dejarlos entrar a mi empresa, no les daré esa oportunidad. Ahora que ya les di una lección y vieron que no me voy a dejar, supongo que le bajarán un poco a su intensidad.
—Álvaro, no te preocupes por mí, de verdad ya no soy la misma Isabela de antes. La antigua Isabela murió la misma noche de bodas con Elías.
Ella, en el fondo, sabía que había renacido exactamente en ese día.
Álvaro sonrió levemente y comentó:
—Es verdad, estás muy distinta. Antes no tenías toda esta confianza, y sobre todo, aguantabas de todo. Ya fuera por los asuntos con la familia Méndez o por cualquier otra cosa, siempre te lo tragabas todo.
—Debo confesar que en algún momento llegué a pensar que eras una chica débil y conformista. Pero después de que te casaste con Elías, cuando empezamos a convivir más y a conocernos mejor, me di cuenta de lo equivocado que estaba. Todo ese tiempo solo fingías, y lo hacías demasiado bien.
—Ninguno de nosotros supo ver cómo eras en realidad.
Isabela pensó para sí misma: en el pasado sí aguantaba todo, se callaba y se tragaba el coraje, tal y como le había enseñado su madre. No era para nada imponente ni segura de sí misma. Incluso cuando peleaba a muerte con Jimena Castillo, por más que gritara y aparentara valor por fuera, la realidad era que por dentro no tenía ni una gota de seguridad.
Pero al morir y recibir esta segunda oportunidad de vida, había comprendido muchas cosas, y su actitud cambió por completo.


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