—Normalmente, cuando Isa sale, rara vez se cambia de ropa. Pero como dijiste que venías a recogerla para cenar, subió inmediatamente a cambiarse.
Vanessa dijo esto mientras miraba a Álvaro con una sonrisa.
Álvaro entendió el doble sentido de sus palabras y una sonrisa apareció en su atractivo rostro.
—Isabela se ve hermosa con lo que sea que se ponga.
Para él, Isabela, incluso sin maquillaje y con ropa sencilla, era la mujer más bella.
—Por supuesto, nuestra Isa es muy guapa y tiene un cuerpazo de modelo. Todo le queda bien, pero aun así, quiere presentarse ante ti en su mejor versión.
Desde el punto de vista de Vanessa, su hija estaba empezando a sentir algo por Álvaro. Si no sintiera nada, no se habría molestado en subir a cambiarse.
Un momento después, se escucharon los pasos de Isabela en la escalera.
Álvaro se giró y alzó la vista, viendo a Isabela bajar con un vestido largo color beige. Aunque la prenda era sencilla, al ceñirse a su cuerpo, delineaba su figura esbelta, añadiéndole un aire de elegancia y madurez.
Álvaro se levantó, se acercó y esperó al pie de la escalera. Cuando ella casi llegaba, extendió la mano, e Isabela, por iniciativa propia, colocó la suya en la palma de él.
—Álvaro, disculpa la espera.
Isabela acababa de volver de su pueblo natal. En cuanto Álvaro le dijo que iría a recogerla para cenar, subió a darse un baño relajante y a cambiarse. Como el clima aún era cálido, optó por un vestido. Hacía mucho que no usaba uno, excepto para eventos formales.
—No te preocupes, acabo de llegar. Apenas me estaba tomando un vaso de agua —dijo Álvaro sonriendo, con la mirada iluminada. Aunque ella vistiera de forma sencilla, para él seguía siendo como una diosa.
Isabela retiró su mano y caminaron juntos hacia el sofá.

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