Entrar Via

Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 118

Derek me miró con atención, evaluándome.

―Tienes razón, me precipité. Esta no es mi venganza ―dijo al final―. ¿Y qué planeas hacer?

Se incorporó, dándome espacio.

Se veía tan cooperativo y dispuesto hacerme caso. Tenía que aprovecharme de ello.

―Yo soy quien hace las preguntas aquí ―dije con más autoridad de lo que pensé.

Se cruzó de brazos y arqueó las cejas.

Está bien, creo que me excedí.

Tosí exageradamente.

―Quiero saber, ¿desde cuándo lo tienes cautivo? ―pregunté.

―Hace una semana.

―¿Una semana? ―Casi grité de la impresión.

―Sí. Y he estado visitándolo todas las madrugadas, cada vez que te revuelves en la cama o que te sobas el brazo mientras duermes. Y he estado tentado hacerlo en las mañanas y tardes, pero me he contenido para que no sospecharas. Pero te juro Erika, que cada vez que te veo fruncir el ceño por el dolor o cuando no tienes ánimo de comer por lo mismo, quiero matarlo.

―Yo también, nada me gustaría más. Pero no vamos a hacerlo ―declaré.

―¿Quieres dejarlo vivir?

―Sí, quiero que viva.

―Me casé con la virgen María ―murmuró, pero aún lo pude escuchar.

―¿Has matado a alguien antes? ―Tenía que preguntarlo. Necesitaba saber si Derek había cruzado esa perversa línea.

Respiró profundo.

―No

Eso era un alivio.

―Y quiero que se mantenga así. No quiero que manches tus manos de esa manera. Sé que piensas que eres algo parecido a Satanás por todo lo que has hecho, pero no es así. No estás en ese nivel de maldad y espero que nunca lo estés.

―¿Y qué piensas hacer? Denunciarlo no es una opción ―habló con molestia.

Lo invité a la cama y se sentó a mí lado.

―¿Una semana qué?

―Solo haremos esto por una semana. No podemos tenerlo encerrado para siempre ―aclaró.

―Lo podemos dejar ir después...

―No. Esa no es una opción. Ese hombre sabe quién eres, donde vives. No podrá ser más poderoso que yo, pero aún así tiene a sus secuaces. No vas a poder vivir tranquilamente con ese hombre suelto.

―Lo dices como si yo fuera la única que estaría en peligro. Te recuerdo que eres tú quien lo está torturando ―dije con preocupación.

―Pero él te tiene en la mira a ti. Y sabe que tú eres lo más valioso que tengo. Te convertirás en su principal objeto. Lastimándote, me lástima a mí. Yo seguiría mi vida normal, pero a ti, por más que me odies y no quieras volver a verme, te encerraré en esta mansión con tal de que estés a salvo ―Su voz me causó escalofríos.

Estaba hablando con la absoluta verdad. Y yo jamás me tomaría sus amenazas a juegos.

―Entonces, no podemos retenerlo con nosotros, pero tampoco podemos dejarlo ir. ¿Qué hacemos?

―No lo sé. Y a eso se debe mi condición. Si en una semana no resolvemos que hacer con él, lo mataré ―respondió con convicción.

―Derek, pero...

―Es mi condición, Erika. Es eso o lo mato mañana mismo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa