El vestido de novia era elegante, con cola de sirena y los hombros al descubierto. Se ceñía a mi cintura y abrazaba mis curvas. El cabello estaba recogido con una horquilla azul.
―Bien, ya tienes algo azul, algo nuevo, algo viejo y … ―Kira levantó mi pie y me puso una tobillera plateada, que cubrió con el vestido―. Algo prestado.
Me preocupó el hecho que se haya agachado y levantado tan rápido.
Una mujer con ocho meses de embarazo no debería hacer tanto esfuerzo. Ni siquiera quería ponerla de dama de honor porque no quería estresarla. Pero esa fue la peor decisión que pude tomar, ya que me persiguió con su entonces barriga de cinco meses por toda su mansión hasta que la nombré dama de honor.
Si su nuevo novio, que era el ex guardaespaldas de su madre, no hubiese estado ahí para calmarla, ella estaría en la cárcel y yo en la tumba.
Mis damas de honor revolotearon por todas partes. Divisé algunas discutiendo y creo que Dakota estaba a nada de destrozar mi ramo de lilas en la cabeza de un maquillista.
Vaya, me siento como en los juegos del hambre.
―Te ves hermosa ―Las lágrimas de Kira brotaron de un momento para otro―. Eres una novia bellísima y tendrás un feliz matrimonio.
―Sabes que ya llevo diez meses casada, ¿verdad? ―hablé con lentitud―. Esto es solo una celebración ya que nunca tuvimos una.
Esperamos lo necesario. Lidiar con la prensa y las miles de preguntas sobre nuestros padres, fue agotador. Mentimos en algunas cosas, otras la omitimos y esparcimos un par de verdades. Por suerte, nadie se enteró de mis deudas saldadas, de nuestra colaboración en la desaparición de Martín y Katy, y mucho menos fuimos juzgados por la muerte de mi madre.
Era hora de dar por terminada esa etapa de nuestras vidas, aunque no se me escapaba el hecho de que Derek les ha estado pagando a unos prisioneros del mismo pabellón de su padre y el de su madre para asegurarse que no tengan una estadía para nada grato. No le he pedido detalles y creo que por mi propio bien, no quiero saber.
―¿Listas? ―La organizadora de bodas se apareció como flash, repasándonos una por una rápidamente―. Ya es hora. Salgan en orden.
Al pasar por su lado, me recitó un párrafo sobre mi belleza nupcial que debe decirles a todas las novias.
Las manos me sudaban al tomar el ramo. Caminé hasta llegar a la puerta del gran salón.
―Te ves bellísima. Este día, hasta los cerezos que están floreciendo, se inclinan ante ti ―habló el abuelo, sonriéndome de oreja a oreja.
―Gracias, abuelo ―dije, soltando una gran bocanada de aire que estaba conteniendo.
No entendía mi nerviosismo. Ya estaba casada, Derek no podía huir en mitad de la ceremonia arrepentido por dos sencillas razones.
Uno: La respuesta que diera en el altar no modificaría nuestra acta matrimonial.
Dos: Él fue quien me casó a la fuerza, si se echa para atrás, le rompo el pescuezo.
La música comenzó a sonar. El abuelo le ofreció el bastón a un hombre que estaba junto a la puerta. Lo miré con los ojos agrandados.
―No pasará nada si no lo uso cinco minutos ―Me ofreció el brazo―. ¿Lista?
Asentí, pasando mi mano por el hueco de su codo.
Las puertas se abrieron y fuimos recibidos por un gran domo de cristal, que reflejaba el sol, las nubes y los pájaros que volaban libremente por encima. Los cuellos de todos los presentes, giraron en mi dirección.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...