•Un Mes después•
El receso había terminado.
Ha sido un mes duró, Derek decidió vengarse por la rama legal. Y según me ha dicho, es la primera vez que lo hace. Ya veo que sus abogados han cobrado bien sin necesidad de hacer mucho. Por fin estaban trabajando realmente.
No sobornamos a los jurados, al abogado defensor, ni al juez. Tampoco ocultamos evidencia ni creamos pruebas falsas. Hemos dejado todo en manos de la ley.
Ellos deben hacerse cargo de hacer justicia.
Si llegan a darle una condena menor o a dejarlos en libertad condicional, lo más probable es que Derek compre el estado e imponga su voluntad en los juzgados. Si fuera por él, mucha gente terminaría azotada en la plaza.
―¿Cómo declaran a los acusados? ―habló el juez, con gesto indiferente.
Observé la espalda de mi padre, la de Katherine y Rodolf. Tres de cinco acusados. Habían declarado a mi madre muerta aquel día. No había ido a visitarla, ni había reclamado el cuerpo, pero Derek si. Se encargó de pagar su funeral y su sepultura.
Y sé perfectamente que no lo hacía por mí, sino por él. Me parecía perfecto. Era su forma de sanar, de disminuir la culpa. Estuvo detrás de mí el mes completo, más de lo usual. No entendía por qué, hasta que me comentó que le hizo sepultura a mi madre. Pensé que me lo estaba notificando para mantenerme informada, después entendí que era su forma de consolarme. Comprendí que se sentía culpable por matar a mi madre y pensaba que yo estaba sufriendo, ocultando mi dolor.
Le dejé claro que ya no sentía nada por esa mujer. Diez años lejos de ella, sin contacto, me llevó a darme cuenta que jamás la quise, solo estaba obsesionada con tener una familia funcional.
Tomé la mano de Derek y respiré profundo.
Mi padre, Katherine y Rodolf deberían ser agradecidos que irán a la cárcel, su destino pudo haber sido mucho peor. Podrían estar ahora en un país desconocido, sin dinero, sin manejar el idioma, sin un lugar donde dormir. Justo lo que estaba viviendo Katy en estos momentos.
El mismo día del robo, nos encargamos de mandarla ilegalmente a otro país antes que nuestros padres soltarán la lengua. Ella fue tan ilusa, que pensaba que la mandaríamos a Las Bahamas o alguna playa del caribe. La muy estúpida pensaba que le íbamos a resolver la vida después de lo que hizo.
No me imagino la cara que puso cuando se dio cuenta que la embarcación en la que la metimos como polizón, iba a un lugar muy poco grato para ella.
Y lo más gracioso, es que actualmente, la están buscando como fugitiva y congelaron las pocas cuentas bancarias que le quedaban a su tío.
―Por el delito de robo a mano armada, secuestro, intento de homicidio, posesión de armas, robo a un banco y toma de rehenes; encontramos a los acusados culpables ―declaró el jurado.
La mano de Derek apretó la mía.
―Rodolf Fisher, Katherine Fisher y Robert Stone; por el poder que me ha conferido el estado, los sentencio a cincuenta años de cárcel, sin posibilidad de fianza ―El sonido del mazo fue determinante―. Se levanta la sesión.
―¡No, no! ¡Yo no puedo ir a la cárcel! ―chilló Katherine al ser jaloneada por un oficial―. ¡Rodolf, haz algo!
El hombre avanzaba a la salida con calma, ignorando los lamentos de su esposa. A la cual tuvieron que cargar para sacarla del lugar. Mi padre iba detrás de ella, buscándome con la mirada. Una vez que me encontró, se le ensancharon los ojos.
Pasó por encima de los bancos, con rostro enfurecido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...